Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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Violencia con las mujeres sin hogar

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Hace unos días oí que  un hombre de 42 años había sido detenido por la violación de una mujer con la que residía en el albergue municipal de San Isidro. Horas después de esta violación intentó abusar de una amiga suya.

Cuando he oído esta noticia he recordado algunas de las historias de vida que he conocido en el Centro de Día de la Fundación Luz Casanova. Vivir en la calle es duro, lo he oído muchas veces además no es nada difícil imaginarlo. Muchas noches de frio gélido pienso en las personas que están en los portales de los bancos, en los pasadizos de las ciudades… en el frio que se mete en los huesos y no se puede sacar, el frio y la calle que muchas veces mata.  Es duro sentirse invisible al lado de la multitud, me lo han comentado algunas de las personas con las que he hablado en el Centro, ver pasar a la gente, mucha gente y no recibir ni una palabra, ni una mirada por parte de nadie…. Ser invisible. Eso es duro. Es duro también sufrir la violencia de los desalmados que con más frecuencia de la que creemos atacan a las personas sin hogar.

Recuerdo la historia de Mª Angeles. Era hija única. Dejó su trabajo en Madrid y se desplazó a la ciudad donde vivía su madre enferma para cuidarla hasta que murió. Regresó a Madrid y  el único trabajo que encontró fue de interna, sin seguridad social y con un escaso sueldo. La mujer a la que cuidaba murió y se quedó en la calle con el poco dinero ahorrado. Cuando éste se acabo no le quedó otro remedio que dormir en un banco del Parque de la Arganzuela. Allí fue  brutalmente agredida por cuatro desalmados que la dejaron herida. El Samur la recogió y la llevó a la Fundación Luz Casanova  donde según sus palabras “me han ayudado a ser otra persona”.

Los hombres y las mujeres que viven en la calle soportan los mismos miedos, viven las mismas violencias, los mismos horrores…, pero como en tantos aspectos de la vida, las mujeres tienen un plus, el plus que todas las mujeres tenemos por el simple hecho de ser mujeres: la posibilidad de la violencia sexual, de la violación, de los abusos… Pasa en los conflictos armados donde las mujeres son tomadas como botín de guerra y son violadas sistemática y brutalmente;  pasa en las calles de cualquier ciudad, en cualquier fiesta popular que se organice… en cualquiera de estos lugares surge el macho, o la manada, que se cree con el poder sobre la mujer y la trata como el objeto que se usa y se tira. También con las mujeres que viven en la calle y lo más triste y doloroso, es que esto suceda con los compañeros que viven su misma situación.

Las mujeres que viven en la calle son menos que los hombres pero son mucho más vulnerables.

Es importante que también con las personas que están en la calle tengamos una mirada de género, o utilizando el titulo de este blog, proyectemos sobre ellas la luz violeta para visibilizar el drama de estas mujeres que viven sin un techo donde cobijarse y que durante mucho tiempo se han invisibilizado.

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