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"Que por mí no quede" Luz Casanova

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Clara Campoamor y el derecho al voto

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Vivimos tiempos de puro marketing en los que la política lo ensucia todo, lo confunde todo. Sólo hay que ver el hecho de que, una vez más, tenemos que votar. No hay sentimiento de estado, ni de futuro, ni de camino a seguir que persiga un objetivo real que no sea el que amparen unas siglas políticas. Tengo la sensación de que se persiguen ideales siempre y cuando eso suponga que “mi partido” gane. Hemos perdido el norte, el sur, y el resto de direcciones también. Parece que a nadie le importe algo tan importante como que al ciudadano de la calle, el que vota, el que paga los impuestos con el sudor de su frente, necesita comer todos los días, y tener una seguridad jurídica, y un alumbrado eléctrico que funcione, y la tranquilidad de una vida segura y en paz, y que eso es mucho más importante que “no pactar con el contrario, aunque todo se vaya al cuerno”. Esto no es el patio del recreo en el que no me llevo bien con “fulanito” porque no es de los míos, o no piensa como yo, o sí lo piensa pero a mí no me da la gana porque la pelota es mía. Esto es mucho más serio y grave, pero parece que les importan otros asuntos.

Y esto me trae a la cabeza a Clara Campoamor (mi heroína particular) y a las sufragistas. En ambos casos si hoy votamos (…otra vez….) las mujeres, es gracias a ellas. Clara, desde el Grupo Radical liderado por Lerroux (centrista y laico) dio en las cortes un discurso memorable que ya quisieran imitar de lejos cualquiera de l@s polític@s de hoy. Clara Campoamor tenía un objetivo firme, una visión de futuro inamovible y que no tenía nada que ver ni con los intereses de su partido ni con los de ninguna ideología. Porque la defensa de los derechos de la mujer NO DEBE tener ideología. Igual que hay mujeres altas o bajas, morenas o rubias, hay mujeres de derechas o de izquierdas (o de ninguna de ellas), religiosas o ateas, bordes o simpáticas. Clara tuvo enfrente a mucha gente. La primera y la más dolorosa, a Victoria Kent, que votó en contra del voto femenino por considerar que las mujeres, influidas por los sacerdotes, votarían a la derecha.

…Y yo me digo a mí misma lo mismo que ella: ¿Y qué? ¿Cuál es el objetivo? Que la mujer vote. No que vote a mi partido. No que me vote “a mí”. El objetivo era conseguir igualar a LAS MUJERES en los derechos civiles que sólo tenían los hombres. Eso era lo importante. Sacarlas de la oscuridad legal en la que estaban. Esa era la lucha. Como en el caso de las sufragistas, que dieron su vida y su cordura muchas de ellas por el derecho al voto femenino. No todas eran mujeres salidas de un bajo estrato social, pero todas tenían el mismo anhelo.

En todo esto pensaba en las últimas manifestaciones del 8M, donde puede ser que ya no vuelva. Aún no lo sé. Porque acabé indignada en algunos tramos. Oí proclamas en contra de mujeres con nombres y apellidos por no militar en los mismos partidos políticos que las que gritaban. Me daban ganas de volverme y decirles: “¿Y qué? ¿Y tú qué sabes de ella? ¿Sabes si le costó mucho llegar a su puesto, si tuvo que enfrentarse a sus miedos, si sufre o ha sufrido algún tipo de violencia por ser mujer, para que encima ahora tú la estés humillando públicamente? ¿Sabes lo que piensa realmente? Es una mujer. Debería bastarte con eso”. Escuché un par de aberraciones contra Letizia y sus dos hijas que me produjeron el mismo efecto. Y no porque como personajes públicos me caigan especialmente bien o mal, pero… ¿ese era realmente el motivo de la marcha? ¿Para eso estábamos allí?… desde luego yo no. ¿No hay machismo en la izquierda? ¡Ja! Como en la derecha. Exactamente lo mismo.

Igual que en la masacre contra el “Charlie Hebdo”, cuya portada llevé en mi foto de perfil durante semanas, aunque no me guste ni el 80% de las cosas que publiquen ni comulgue con casi nada de lo que dicen. Porque la defensa de su libertad de hablar era más importante que mi opinión sobre sus viñetas.

Dejo el enlace del discurso de Clara Campoamor, infinitamente más sabio que todo lo que yo pueda decir. Gracias, allá donde estés.

 

 

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