Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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Complicidad silenciosa

Portadas Revistas

Soy una amante incansable de la música y toda persona que me conoce sabe que no podría vivir sin ella. Pues bien, cuál es mi sorpresa cuando hace unas semanas, mientras tarareaba una canción que me encanta del icónico grupo francés Noir Désir, descubro que su cantante, Bertrand Cantant, asesinó a la que era su pareja Marie Trintignant hace 14 años. El tipo cumplió una irrisoria condena de 4 años y recientemente ha causado una enorme polémica al aparecer en portada, por motivo de su primer álbum en solitario, en la revista musical emblemática Les Inrockuptibles.

Lo más desconcertante, a parte del cabreo que me entró, fue una amarga sensación de culpabilidad al saber que llevaba años escuchando y disfrutando canciones suyas. Me removió más aún si cabe cuando en esa misma semana falleció el actor argentino Federico Luppi, que también me había hecho disfrutar y era un hombre al que, como espectadora, admiraba. Pues mira por donde, se ha tenido que morir para enterarme de que durante años había ejercido violencia sistemática contra la que fue su mujer, Haydée Padilla.

A estas alturas yo ya empezaba a intuir que, si tiraba de la manta, esto sería como abrir la caja de Pandora. Efectivamente, en esa misma semana, por si no fuera ya suficiente, mi rabia e indignación se vieron aún más jaleadas al salir a la palestra todo el escándalo del caso Weinstein y que, a su vez, ha generado que se denuncien casos como el de Kevin Spacey, James Toback o Terry Richardson.

Lo que más rechazo me genera sobre este tema es la impunidad y la complicidad silenciosa, primero de los compañeros que lo sabían y callaron durante años y después de gran parte de la sociedad, consciente después. Pensar en tantísimos hombres que no han pagado ni van a pagar por lo que han hecho.

Que haya hombres tan aclamados por las masas y que, al final, lo que se defienda sea una actitud conciliadora por parte del público, como si la cultura neutralizara los delitos. Tal y como señala Mónica Zas: “Después de la condena pública, llega el examen de conciencia. Una encrucijada eterna en la que solo cambian los protagonistas del cartel: Cassey Affleck, Picasso, Polanski o el rapero R. Kelly han salido indemnes, pero la lista es interminable.” Una lista de hombres supuestamente admirados e iconos de nuestra época que han ejercido violencia contra las mujeres y que es desconocida para la gran mayoría. Desde Bill Murray, Mike Tyson, Michael Fassbender, Nicholas Cage, hasta Gary Oldman, Bill Cosby, Mel Gibson o Johnny Depp.

Como dice la escritora Laura Freixas “esa idea de separar al artista de la obra, que aunque se plantea de una forma muy abstracta, en realidad se traduce en una carta blanca, una patente de corso, una absolución moral que me parece injustificada”. Y eso es intolerable. Es simplemente repugnante. Hay que dejar de pensar que estos hombres son los que representan el arte, que sus opiniones y sus trabajos nos inspiran y nos guían. Y desde luego hay que deshacerse de la idea de que se puede tolerar que estos tipos salgan impunes. Ni por miedo a lo que yo llamo “un linchamiento de masas” a figuras públicas, que desde luego es de otro orden, ni mucho menos por “el bien de la cultura”.

Al final me queda imaginar lo diferente que sería todo si este tipo de delitos y de agresiones, los de violencia contra las mujeres, tuvieran más peso. Si todas y cada una de las personas tuvieran clara la línea roja e intolerable que existe cuando un hombre ejerce violencia contra una mujer. Si en el mundo de la cultura tuvieran más espacio y relevancia las mujeres, el público tampoco se quejaría de “tener que hacer malabares” a la hora de elegir el arte que consumimos para evitar a estos tipos. Si el feminismo fuera la vara de medir de la cultura, esa masa podría admirar iconos que realmente sean dignos y dignas de ser considerados símbolos de nuestra sociedad y desde luego nadie se permitiría el lujo de decir: “Ya, pero sus películas/libros/canciones…son tan buenas, que no voy a dejar de disfrutarlas”.

 

 

   

 

 

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