Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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Dentro y fuera de la Sala 102

La Sala 102

Seis meses hemos tardado para escuchar un fallo en la sala 102 del Palacio de Justicia de Navarra. No cualquier fallo. Demasiado tiempo para decidir acerca de lo que ocurrió a una chica de 18 años rodeada de cinco jóvenes “impresionada y sin capacidad de reacción, con ‘angustia’ al ver el miembro de un acusado acercándose a su mandíbula y a otro por detrás bajándole el tanga, ‘acorralada y gritando'”. Y hasta aquí transcribo porque no me siento con el coraje necesario para seguir leyendo semejante sentencia, porque siento incredulidad, estupor, rabia, indefensión, porque acuden a mi mente imágenes brutales, porque podía ser yo, mi amiga, mi sobrina, mi vecina o cualquier otra mujer que, circunstancialmente, cayera en las garras de seres inhumanos que han mancillado el sustantivo ‘persona’. Pero no queda ahí el asunto porque los tres miembros del tribunal, presidido por José Francisco Cobo, coincidieron en que no hubo violación; sin embargo, en la  sentencia se señala la existencia vídeos y fotos tomadas durante el desarrollo de los hechos y “el vídeo muestra de modo palmario que la denunciante está sometida a la voluntad de los procesados, quienes la utilizan como mero objeto para satisfacer sus instintos sexuales”.

La protesta fuera de la sala 102 no se hizo esperar y los gritos de “fuera, fuera” se habían colado dentro de la misma, mientras el juez leía el auto. En muchas ciudades españolas, grandes, medianas, pequeñas, miles de personas, espontáneamente, se iban concentrando para manifestar su más absoluta repulsa por la actuación judicial, no en vano la acusación pedía más de 20 años de cárcel y el magistrado Ricardo González llegó a pedir la absolución de los acusados. Leer sus argumentos causa estupor.

Las preguntas sin respuesta se van acumulando: “¿Hasta qué punto hay que expresar rechazo ante un abuso para que este pueda ser considerado agresión?”. “¿Cómo se calcula el riesgo asumido por la víctima?” .“¿Qué nos parece mal, el criterio del juez o el del texto legal?”. “¿Existe solo intimidación o situación de superioridad?”. “¿Puede haber una violación sin violencia?” En opinión de la periodista Soledad Gallego-Díaz “Cualquier acto sexual no consentido implica intimidación o violencia por parte de quien lo impone”.

Resulta a todas luces aberrante que cinco inhumanos penetren a una chica de 18 años en 11 ocasiones, tal y como aparece en más de 300 páginas que recogen la sentencia, y que sus señorías no aprecien ni violencia, ni intimidación, tan solo preeminencia y superioridad, por lo que la calificación jurídica es de delito de abuso sexual continuado. El clamor ciudadano es contundente: “Esto no es abuso, es violación”.

Fuera de la sala 102 siguen las protestas y han traspasado nuestras fronteras. Nos encontramos en un momento especialmente oportuno para identificar y plantear cambios imprescindibles no solo en el ámbito de la ley penal sino también en el campo de la jurisprudencia cuyo marcado sesgo paternalista no protege a las mujeres. Con contundencia lo está reclamando una parte importante de la ciudadanía que no da crédito a lo que se relató dentro de la sala 102. Para Antonio Elorza Domínguez, catedrático de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid, se trata de un “crimen contra la mujer”.

Yo también te creo, hermana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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