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Día Internacional de la No Violencia

Adolescentes

LA FUNDACIÓN LUZ CASANOVA PRESENTA SU PROGRAMA PILOTO PARA QUE LOS JÓVENES SEAN LA SOLUCIÓN ANTE LA VIOLENCIA DE GÉNERO

  • Los jóvenes participantes se declaran sensibilizados contra la violencia de género en un 36%, cuando al principio solo lo hacía el 5% del grupo.
  • El número de potenciales agresores baja de un 30% a un 22% y el de agresiones en el aula se reduce casi a la mitad, pasando del 40% al 21%.

Madrid, 2 de octubre de 2019. Bajo el título “Xicos q hablan”, la Fundación Luz Casanova presenta un primer avance de su trabajo de dos años con chicos adolescentes. El programa, destinado a jóvenes en riesgo de exclusión social de entre 14 y 21 años de edad, busca dotarles de una conciencia ética sobre la igualdad y la no violencia. El objetivo: mejorar sus habilidades y herramientas para la resolución pacífica de conflictos y los cuidados corresponsables de la salud afectivo-sexual, especialmente cuando se relacionan en pareja.

Tras los talleres (impartidos durante dos cursos escolares) con un total de unos 30 jóvenes de dos barrios madrileños de un contexto económico y social bajo y con déficit de los servicios públicos (educación, sanidad, transporte, vivienda…), los resultados del programa “Xicos q Hablan (2018-2019)” aportan datos reveladores en cuanto a la mejora para entender el problema de desigualdad. También se observan cambios positivos en su percepción de la violencia de género. 

Es de destacar que tras las sesiones individuales y en grupo, el número de potenciales agresores baja de un 30% a un 22% y el de agresiones dentro del aula, casi a la mitad, pasando del 40% al 21%. Aún está por determinar qué efecto en esta disminución de la agresividad ha tenido en sus respectivas relaciones afectivo-sexuales. A su vez, se declaran sensibilizados con la violencia de género un 36%, cuando al principio solo lo hacía el 5% del grupo. No se observa una reacción de progreso, pero tampoco un retroceso, en un 20% de ellos.

Aparte, y a pesar de las dificultades por la situación de vulnerabilidad de los chicos con los que se ha trabajado y limitadas horas de trabajo del programa piloto (dos sesiones por semana de una hora de duración) un:

  • Un 35% mejora rendimiento escolar de manera notable.
  • Un 25% incorpora habilidades para resolver conflictos y entender la igualdad/desigualdad.
  • Un 40% logra entender el origen histórico de la desigualdad de género.
  • Un 60% incorpora nuevas formas de mostrar afectos e interactuar desde el respeto con el grupo aunque tenga contradicciones y dudas sobre la violencia de género.

Para este programa, se partía de dos principios: el inmovilismo masculino entendido como un posicionamiento pasivo por considerar que se trata de una lucha particular de las mujeres y de las dificultades para renunciar a los privilegios dados por la socialización del machismo. “Atender, escuchar y reorientar las voces y percepciones de los jóvenes, especialmente cuando vivencian sus primeras relaciones de pareja, puede suponer un cambio cualitativo en las intervenciones en el ámbito de la prevención de la violencia de género”, afirma Javier Maravall, especialista en estudios de la condición masculina de la Fundación y uno de los técnicos que ha trabajado con los adolescentes.

La necesidad de romper estereotipos de género

Ante el problema de la violencia estructural que sufren las mujeres, la Fundación Luz Casanova apuesta por abordar los procesos de socialización de los jóvenes en cuanto a las relaciones de género antes de que incurran en la violencia, desde el trabajo con ellos, los potenciales protagonistas de esa violencia. “La mayoría de los adolescentes con quienes hemos trabajado reproducen estructuras cerradas y dicotómicas en relación a los papeles asignados (roles de género) que hombres y mujeres ocupan en la sociedad”, apunta Nieves Lara, psicóloga y miembro del equipo de trabajo de este proyecto.

En su imaginario, se reproducen estereotipos como que el espacio público es el propio de los hombres, mientras que el privado es el de las mujeres. Repiten también los esquemas tradicionales de género en la elección profesional de oficios.  En cuanto a la percepción sobre las relaciones de pareja y la sexualidad, se reitera la dicotomía amante-fácil-impura en contraposición del modelo virgen-madre-esposa. Se encuentra también la idea prevalente de que los hombres, por naturaleza, necesitan sexo abundante y variado. “La mayoría de los participantes muestra una falta de base formativa en conceptos fundamentales relacionados con la sexualidad, y más aún, la femenina. Contrasta su reiterado interés por informarse, aprender y experimentar sobre sexualidad, con sus dudas, contradicciones y reproducción de tópicos, mitos y estereotipos sexistas”, coinciden ambos responsables del programa.

Por otra parte, el sexo rápido y de pago se ve como una vía legítima para disfrutar, especialmente en tiempos de ocio los fines de semana. Las drogas se perciben como potenciador de la actividad y goce sexual. La mayoría parten de una posición omnipotente y omnipresente: negación del dolor relacionado con el desamor o la pérdida.

El trabajo desarrollado parte de aplicar la perspectiva de género como principio transversal en el análisis y tratamiento de los contenidos, la escucha y reflexión activa, y la autonomía personal a la hora de interpretarlos.

 

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