Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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¿Dónde está la justicia?

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Le veo por la calle y me sorprende. Lleva a la espalda una mochila enorme. Me recuerda a los porteadores del Himalaya, que van siempre cargados a lo bestia mientras que los montañeros occidentales van detrás con su mochilita caminando tan ricamente. Pero no estoy en ninguna montaña y menos en el Himalaya. Estoy en una calle de Madrid. Caminando tan ricamente por su acera y delante de mí camina ese hombre, por la apariencia supongo que inmigrante, cargado con ese fardo enorme. Me fijo, en realidad es una especie de caja muy moderna. Es de plástico y se cierra con una moderna cremallera. Como la tapa, por así decir, es como una redecilla transparente, se ve el interior. Son paquetes. Asocio inmediatamente: es un repartidor. Va repartiendo los paquetes de las compras que se hacen por internet. Es trabajador de una empresa de mensajería.

La persona que viene conmigo me hace caer en la cuenta que es uno de tantos que trabajan hoy a cambio de un salario de miseria. Delante de mí tengo el ejemplo viviente y caminante (a veces, más “corriente” que “caminante” porque tiene que cumplir con un horario y unas entregas mínimas) de lo que nos dicen las estadísticas sobre la realidad de la creación de empleo en nuestro país: que se crea mucho empleo pero ni con salarios dignos ni con estabilidad ni con casi nada de lo que suele tener un empleo. Es decir, que son empleos que casi no merecen el nombre de tales. Tanto es así, que en la actualidad tener un empleo no garantiza en absoluto salir de la pobreza. No lo digo yo. Lo dice Caritas.

Lo que nos dicen también las estadísticas es que estamos ya en una sociedad dividida, en la que las distancias entre los pobres y los ricos crecen cada vez más y el abismo entre ellos se va haciendo cada vez más insalvable.

Por eso digo, y quiero que tengamos todos presente, que el final del túnel no se verá si no es con la luz de la justicia. Y no me refiero a la justicia esa de cumplir las leyes sino a la justicia que promueve realmente la fraternidad, la igualdad para todos, la capacidad de la sociedad para no dejar atrás a ninguno de sus miembros. No es que esté asustado porque ese abismo entre ricos y pobres pueda ser causa de conflictos sociales. El conflicto ya está ahí. El quid de la cuestión está en que una sociedad desigual ni es sociedad ni es nada. Es una selva, una jauría de lobos hambrientos que pelean entre sí por conseguir  apresar la mejor pieza, un lugar donde triunfa el más fuerte y los otros quedan hundidos en la miseria.

Tenemos que ser una fuerza social que recuerde a los que nos gobiernan que la justicia nos importa, que su responsabilidad más importante es la de trabajar por hacer una sociedad más hermana, más justa, más igual. Ya sé que esto puede sonar a perogrullada, a cosa sabida ya por todos. Pues puede ser muy sabida pero en la práctica no termino de ver que hagamos nada o casi nada por conseguir ese objetivo mínimo.

Es verdad que en esa sociedad ideal también habrá gente que tenga que ocuparse en repartir paquetes pero con un salario y unas condiciones de trabajo dignas.

 

 

 

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