Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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El chiste y los prejuicios

Creación De Dios Harmonia Rosales
          Cuando era joven, de lo que ya hace unos cuantos años, llegó a mis oídos un chiste que, en aquellos tiempos, no me resulto demasiado gracioso. Era algo así como un chiste teológico. En realidad me pareció un poco soso. No provocaba la risa. Ni mucho ni poco. Más bien, nada. Había que pensar un rato y darle algunas vueltas para descubrir lo que a su ignorado autor le podía haber parecido gracioso. Pero se conoce que con los años, he terminado viendo aquel chiste de otra manera.
       Decía el chiste que un hombre había fallecido. Mientras que la familia se apresuraba a celebrar los oportunos rituales que acompañan a la muerte, el fallecido hacía su viaje particular hacia el otro lado, a esa tierra ignota y oscura que desconocemos y que, por eso, nos asusta y tememos. Decía el chiste que al cabo de unos días, cuando los familiares estaban terminando los rituales del duelo y justo antes del enterramiento definitivo del difunto, éste, para sorpresa de todos, volvió a la vida.
       Grandes aspavientos rodearon al difunto redivivo. No se merecía menos la situación. Los difuntos no suelen volver de ese viaje final. Y suelen guardar silencio para siempre. Pero éste del chiste, había vuelto y estaba dispuesto a contar lo que había vivido en aquel extraño viaje que por una vez había sido de ida y vuelta.
       Así que los familiares del ex-finado le hicieron enseguida muchas preguntas. Todos querían saber sobre el otro lado. Pero hubo una pregunta que sobresalió entre todas y a la que el ex-difunto se dignó responder.
       “¿Cómo es Dios?” preguntó desde el fondo de la sala uno de los sorprendidos familiares. Se hizo un gran silencio. Todos querían escuchar la respuesta del revivido. Y se oyeron sus palabras: “Es una negra vieja y fea.”
       Ahí terminaba el chiste. Ahí se esperaba que los oyentes de la historia se echasen a reír. Pero no solía suceder. El chiste no provocaba la risa. Porque la ruptura de las ideas preconcebidas, que es lo que suele provocar la risa, era en este caso demasiado fuerte. Tocaba demasiado en lo profundo las ideas y prejuicios de los oyentes.
       ¿Puede ser Dios una negra, vieja y fea? Imposible. Dios ha sido siempre de raza blanca. No es viejo sino anciano, que es muy diferente. Y, por supuesto, ha sido hombre. Nunca, a nadie, se le ha ocurrido representarlo como una mujer. Así que insinuar que Dios es una mujer, de raza negra, vieja y fea es demasiado fuerte. Rompe de tal modo nuestros esquemas que no podemos aceptarlo. Mucho menos reinos.
       En realidad, eso no es más que un reflejo de nuestras proyecciones, de lo que consideramos como bueno, en lo más profundo de nuestra cultura y de nuestro ser. Romper esos prejuicios nos ayudaría a construir una sociedad distinta. La realidad es que nadie sabe cómo es Dios. Nadie ha vuelto para contarlo. Lo imaginamos según lo que para nosotros es el modelo de lo mejor. Por eso, lo imaginamos, hombre de raza blanca anciano y guapo. Y todo lo que no se nos parezca a Dios es despreciable. ¿O no? Y esto no afecta sólo a los creyentes. También llega a los ateos. Porque los estereotipos culturales los tenemos injertados en el tuétano de nuestras almas.
       Hay que intentar romper con esos prejuicios. Quizá sea el punto de partida necesario desde el que comenzaremos a ver la luz al final del túnel.

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