Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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El esfuerzo por el diálogo y el consenso

Dialogo
     Está claro que gobernar un país es algo realmente complicado. Hablamos de millones de personas, de muchos intereses a veces contrapuestos, de muchas y variadas formas de pensar. Todo el mundo, muchos al menos, tienen ideas claras de lo que es lo más importante y lo más urgente. Y, a veces, demasiadas, no tienen tan claro cómo se pueden financiar esas propuestas.
      Porque la política en el fondo se parece mucho a lo que hace la pareja que sale todos los viernes o sábados hacer la compra. Tienen unos recursos limitados y los tienen que distribuir de la mejor manera posible para atender a sus múltiples necesidades. Que sus recursos son limitados, lo saben bien. Que sus necesidades van mucho más allá de lo que pueden atender con sus recursos también lo saben bien. Y ahí viene el arte de la buena administración. Distribuir los recursos entre las muchas necesidades, dar prioridad a unas necesidades sobre otras, tener presente también las necesidades futuras, etc. Eso que hace el matrimonio lo tienen que hacer los políticos con las necesidades de la nación entera y con los recursos siempre escasos que les proporcionan los ingresos fiscales, es decir, los impuestos.
      ¿Complicado? Por supuesto. Mucho. En principio, va a ser difícil ver el final del túnel. Sobre todo, mientras que los políticos estén pensando más en las próximas elecciones que en el interés real de la gente. Y esto es aplicable a todos los partidos. Por definición, todos son partidos, todos son partidistas. No hay ninguno que tenga la representación del pueblo como tal. Cuando ganan las elección a veces lo hacen con el 30% de los votos. A veces hasta consiguen el 40% de los votos emitidos. Si se tiene en cuenta la abstención habitual, eso no significa más que el 30% de los votos. ¿No es demasiado poco como para decir que el pueblo les ha votado, que ellos representan al pueblo?
       Les hace falta a nuestros políticos un poco más de humildad. Deberían ser más conscientes de que representan a una parte del pueblo y que sólo en diálogo y en consensos conseguidos con los otros partidos es como representan, y casi siempre parcialmente, el interés general.
       Desgraciadamente no es así muchas veces. Priman los intereses partidistas por encima del interés general. Prima la confrontación por encima del diálogo y del consenso. Todos se sienten portadores de la verdad –ni siquiera de “su” verdad sino de “la” verdad–.
       Necesitan ellos, necesitamos nosotros, más humildad, más capacidad de diálogo, de escuchar la verdad del otro, de tratar de encontrar lugares de acuerdo. No se trata de quejarnos de los políticos. Ellos no son más que una expresión de nosotros mismos. Es verdad aquello de que “los pueblos tienen los gobernantes que se merecen”.
       Así que, si queremos ver el final del túnel, tendríamos que hacer todos, políticos y no políticos, un esfuerzo considerable de diálogo, de escucha, de comprensión, de ponernos en la situación del otro, de dejar los radicalismos tontos y los postureos, para buscar honestamente el interés general. Todos tenemos que entrar en ese esfuerzo común: desde los partidos hasta las comunidades de vecinos, pasando por los grupos de amigos y las familias. Así, sólo así, empezaremos a acercarnos al final del túnel.

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