Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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El “feminismo” como cinismo corporativo de moda

Feminismo Cinismo

Que tire la primera piedra la persona que no viva en constante contradicción entre lo que dice, lo que piensa y lo que hace. Nadie puede negar que las personas somos contradictorias por naturaleza. Y aunque nunca ha sido fácil llevar una vida en completa armonía con esas tres categorías, me atrevería a señalar con permiso de mis antepasados, que con el exceso de información y de bienes de consumo que nos rodean, es cada vez más complicado ser coherentes en todo momento.

En esta época donde parece que todo está en venta y que se respira una falsa sensación de irresponsabilidad, se siente en el ambiente que el capitalismo, una vez más, aprovechando el tirón de los movimientos sociales está sacando buena tajada también del activismo feminista.

Porque ¿qué hay más contradictorio que el CEO de Feminist Apparel, una empresa que se ha enriquecido diseñando y vendiendo ropa con mensajes y dibujos de artistas/activistas feministas sea, en realidad, un agresor sexual? ¿O que una empresa como Nike que explota a miles de mujeres en todo el mundo para fabricar sus productos, invierta un dineral en campañas de marketing de “empoderamiento” femenino solo para ganar clientela? Por no hablar de ese cinismo corporativo en la que directivas de empresas como “Girlboss media” que se dedican a dar charlas sobre la liberación de la mujer, despidan a sus empleadas por pedir la baja de maternidad.

Quizá Mahatma Gandhi, un genio con unos principios bien sólidos y con una admirable coherencia, sea de los pocos que pueda coger esa piedra de la que hablaba al principio y tirárnosla al resto de los mortales a la cara. Sin embargo, una cosa es aceptar pulpo como animal de compañía y decir que voy a ponerme en forma, pensar que lo mío no es el deporte y aun así apuntarme al gimnasio para no ir nunca, y otra, lo que están haciendo algunas grandes marcas e industrias con las reivindicaciones sociales. Utilizándolas y manipulándolas a su antojo para generar beneficios, no sólo monetarios, sino también reputacionales, sin hacerse responsables de la hipocresía que representan.

Siempre he dicho que es todo un reto sentirse feminista en este mundo patriarcal y actuar, sentir y pensar en consecuencia con esos ideales. Y aunque mi aspiración no es que nos convirtamos de la noche a la mañana en el mismísimo Gandhi, que defendía que la felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía. Si quiero reivindicar que nuestro deber, como activistas del feminismo, es exigir a las marcas una coherencia entre lo que dicen, lo que piensan y lo que hacen. Desde su modelo de producción destructivo e insostenible con el medio ambiente hasta sus políticas y condiciones laborales.

En definitiva, creo fervientemente que nuestra manera de consumir es un arma muy poderosa a la que debemos sacar partido si queremos combatir este momento histórico actual, en el que lamentablemente incluso rebelarse contra el sistema, genera grandes beneficios para el mismo.

 

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