Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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El valor de la palabra

Palabras

La violencia de género nos interroga, nos interroga individualmente y nos interroga como sociedad. En España, según el riguroso estudio de feminicidio.net sobre violencia machista, en lo que va de año han sido asesinadas 34 mujeres a manos de sus parejas o ex parejas. A esta cifra habría que sumar 26 asesinatos relacionados con violencia machista (familiares, menores, mujeres víctimas de explotación sexual, etc.) que no computan en las estadísticas oficiales al no estar dentro de lo que la ley entiende como violencia de género.

Nos encontramos a la espera de que se cierre en el Parlamento el llamado “Pacto de Estado contra la violencia de género”. Un acuerdo muy necesario que, en palabras de la periodista Sara Mateos, además de su carácter simbólico, debe articularse en torno a la actuación de todo el aparato institucional y que, esperamos, suponga un punto de partida que no termine como el famoso mito de Sísifo.

La frustración de empujar una enorme piedra a través de una empinada colina como Sísifo y, una vez arriba, ver como la piedra se vuelve a caer cuesta abajo, es lo que siento cuando leo que el Ministerio del Interior está elaborando un estudio titulado “¿Por qué los hombres matan a las mujeres?” y empiezo a ver lo que los medios anticipan de él. Tal y como publica el diario El País, el estudio pretende analizar los casos y sus variables psicosociales para generar indicadores que estipulen lo que han denominado ‘Escala del Riesgo Homicida’. De esta manera, se busca dar una respuesta ‘pseudocientífica’ a esta pregunta. Tratando de hacer del machismo una ‘patología’ y extraer de cada caso particular un ‘indicador’, para que una vez identificado, se logren disminuir los asesinatos machistas en el futuro. El estudio directamente tipifica los tipos de agresores afirmando que: “habría un 20% de agresores que podrían considerarse sociópatas, un 30% que serían inestables emocionalmente, un 5% que podría clasificarse como psicópatas y un 40% como agresores ocasionales”, incluyendo las variables de ‘maldad’ y de ‘locura’ en la gráfica que los engloba.

Resulta peligroso llegar a conclusiones de esta naturaleza con tanta rotundidad. No sólo por el error de base en el enfoque del estudio, que únicamente tiene en cuenta la punta del iceberg. Sino porque, además, resulta insuficiente intentar construir tipologías y clasificaciones, así como tratar a la víctima y al agresor exclusivamente de manera adaptativa y educativa. La ciencia estudia aquel objeto que es medible, cuantificable, reproducible, y cuyos efectos, bajo determinadas condiciones, son siempre replicables. ¿Puede entonces aplicarse el método científico a la subjetividad y singularidad de una persona para así extraer un saber sobre la misma?

La violencia machista es un problema que, desde luego, necesita ser interrogado y que, sin duda, exige muchas respuestas. Requiere respuestas sociales e institucionales urgentes: aumento de los presupuestos, cada vez más recortados; mayores recursos, cada vez más precarios; y un pacto de estado que incluya, entre otras cosas, una apuesta por el trabajo educativo y de sensibilización y unos protocolos que hagan efectiva la ley que se aprobó hace ya 12 años.

Pero sobre todo, necesita de la palabra y de la escucha. De la palabra en su incidencia en el cuerpo, que es la herramienta fundamental que tenemos. Se debe aprender a escuchar a las mujeres, desde una posición de “no saber” para captar la subjetividad y las singularidad de cada una de ellas. Darles voz, desde una escucha diferente, para poder atisbar algo de lo que está en juego. En definitiva, intentar arrojar una luz distinta que ayude a comprender y a luchar contra esta violencia machista que a pesar de los grandes progresos y esfuerzos, impulsados desde el feminismo, sigue sin ser suficiente para erradicarla.

Marta Maqueda Montón

 

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