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"Que por mí no quede" Luz Casanova

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El discurso de Vox como paradigma de las resistencias masculinas derivadas del “proceso inverso”

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Desde hace algunos años, distint@s especialistas en violencia y desigualdad de género vienen planteando las posibles consecuencias derivadas de las políticas unidireccionales (principalmente enfocadas en la protección y recuperación de las mujeres que la sufren) que el paso del tiempo ha ido confirmando, bajo distintas fórmulas de resistencias “reactivas masculinas”. Ello ha significado que el colectivo masculino, en su mayoría, y durante las últimas cuatro décadas (1978-2018), se haya mantenido ajeno al problema (posición neutra, 45%), cuando no contrario a los cambios de las mujeres hacia la plena igualdad de derechos y una vida libre de violencia (posición resistente 38%). Solo una minoría, entonces, se habría adherido al proceso de demanda de equiparación de derechos e  implicación en la igualdad real (posición igualitaria, 17%)[1].

Precisamente porque la gran mayoría de los hombres no ha tomado la cuestión como algo propio y esencial para la convivencia, el bienestar general e incluso el suyo propio (bajo las premisas de que es un asunto particular de las mujeres y son ellas las que les corresponde solucionarlo o bien, porque es un tema ya logrado al estar asegurada la igualdad en nuestra Constitución), se podría decir que “no han progresado a la par que ellas”, tanto en términos de adquisición de conocimiento para la comprensión del fenómeno, como la consiguiente toma de conciencia y sensibilización sobre el mismo.  En otras palabras, se ha producido un proceso inverso en donde las mujeres se empoderan y los hombres se mantienen estáticos cuando no confusos, lo que podría explicar sus interpretaciones sobre la igualdad y la VG.

Por ende, no es de extrañar que miles de votantes varones en Andalucía, al no disponer de un conocimiento científico-reglado sobre el origen de la desigualdad y la violencia de género en su dimensión más amplia e inter-disciplinar (lo que en sí mismo entraña no “estar en condiciones para su sensibilización”), hayan dado por válidas las hipótesis y afirmaciones inconsistentes, ficticias y deficitarias planteadas, en este caso, por la formación política VOX.

Negar o minimizar la Violencia de Género como un hecho presente y estructural es desconocer los procesos históricos que confirman este factor como pan-histórico y transversal en la génesis y configuración de nuestras sociedades. De esta manera, todo historiador/a riguroso/a  que haya consultado las fuentes clásicas del conocimiento universal  podrá corroborar la existencia de un sistema de dominación masculina permanente y, cuyos mecanismos para legitimarse y mantenerse en el poder, derivaron en las distintas variables de la violencia contra las mujeres (“la que cuestionaba per se el sistema de privilegios androcéntricos, era castigada bajo el paradigma de mujer contra natura” Durán, Mª.A., UAM, 2012).

En este sentido quizá sería más ajustado plantear que buena parte del electorado masculino que optó por votar a dicha formación,  no fue tanto por convicción misógina o ideológica, sino por su desconocimiento estructural, desinterés o ajenidad sobre la materia, ya que de no ser así, tendríamos en la región decenas de miles de hombres potenciales de ejercer discriminación y malos tratos, lo que sería extraordinariamente grave. Asimismo, esta circunstancia también es extrapolable a otros colectivos, líderes y representantes políticos que, en los últimos días, han dado muestra de una evidente confusión, no solo en aspectos terminológicos (confundiendo VG con Violencia doméstica),  sino también en el origen, la proporcionalidad y gravedad del problema.

El desconocimiento científico sobre la VG y la desigualdad así como sus efectos concretos bajo múltiples variables como la desaparición forzada, los feminicidios, la tortura sexual o la prostitución impuesta, de millones de mujeres a lo largo de todas las etapas de nuestra  historia compartida, al igual que sus interacciones e implicancias  en las costumbres y usos sociales, derivan en la urgente necesidad de establecer un conocimiento reglado (asignatura formal obligatoria) en la Educación pública/privada/concertada desde Primaria,  pero también espacios de apoyo psicosocial para nuestros jovenes, con el propósito de que las futuras generaciones, y muy especialmente la de los varones, incorporen e interioricen la igualdad de género como un valor ético fundamental a la hora de interactuar y relacionarse a lo largo de sus vidas, pero también mecanismos para la resolución pacífica de conflictos, la emocionalidad y la sociabilidad en equidad de condiciones.

[1] Ver Covas S., Maravall J., Bonino L., “Hombres con valores igualitarios: historias de vida, logros alcanzados y cambios pendientes”; Ministerio de Igualdad, Gobierno de España, 2009.

Javier Maravall Yáguez

Doctor Especialista en Prevención de VG y Estudios de la Condición Masculina

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