Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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Hombre + soledad + oscuridad = amenaza

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  Me contaba hace unos días una amiga que hacía unos cuantos años había tenido que pasar un tiempo entre dos vuelos en un aeropuerto perdido de Asia. Fueron unas cuantas horas en un aeropuerto medio vacío, por la noche. Estaba sola. Ya se sabe. Esas horas en que las tiendas están cerradas y en que prácticamente no hay movimiento ni de vuelos ni de personas. Ese tiempo intermedio en que hasta parece que se apagan las luces de salas y pasillos. Me decía que había pasado miedo. Había algunos hombres merodeando por allí. Probablemente estarían haciendo su trabajo. Pero ella había pasado miedo.
      Me hizo pensar. Quizá si los que hubiesen estado merodeando hubiesen sido mujeres y no hombres, mi amiga no habría pasado miedo ni nada parecido. Me hizo pensar más. Y llegar sin dificultad a la conclusión de que, desgraciadamente, los hombres somos una amenaza para las mujeres. Al menos, en la oscuridad y en la soledad, los más probable es que seamos vistos como una amenaza para la seguridad de las mujeres.
      Lo malo es que si echamos una mirada a la historia, a tiempos atrás, ese sentimiento es bastante verdadero. Así hemos sido vistos/sentidos los hombres por las mujeres. Como una amenaza. Da lo mismo la cultura en la que pensemos. Podemos viajar al norte o al sur, al este o al oeste. La noche, la oscuridad, la soledad, el ruido de unos pasos por detrás… todo junto hace que la mujer vuelva la vista. Si ve un hombre, es muy fácil que sienta temor. Si ve que es una mujer, es muy fácil que sienta alivio.
      En el caso de los hombres no se produce ningún temor cuando se sienten seguidos por una mujer. ¿Por qué será?
      Son siglos de dominación, de opresión, de cultura machista. Y la huella de tantos años en los sentimientos no se quita de la noche a la mañana. Van a tener que pasar muchos años hasta que cambiemos este tipo de sentimientos.
      Es posible que algunos o muchos hombres lean estas líneas y digan que ellos no han sido ni son ni serán nunca una amenaza para ninguna mujer. Me lo creo. Estoy seguro de ello. Pero no podemos cerrar los ojos a la historia. No podemos pensar que ya vamos a comenzar de nuevo, como si nada hubiese sucedido, como si nada estuviese sucediendo en nuestra historia y hoy mismo. Sabido es el caso de Ciudad de México donde en el metro se han tenido que habilitar vagones “sólo para mujeres” como una forma evitar el acoso a que están sometidas habitualmente.
      Los hombres tenemos que ser capaces de asumir una cierta culpa colectiva por lo que hemos hecho a las mujeres durante siglos. No se trata de castigos ni penas. Se trata de ser conscientes de que la desconfianza, generada durante siglos de abusos machistas, no se va a convertir en confianza en un momento. Y que nosotros, los hombres, somos los responsables de dar los primeros pasos para ir generando confianza, respetando mucho los tiempos de ellas, respetando su desconfianza y no exigiendo de forma inmediata un cambio de actitudes del que ni nosotros mismos somos capaces.
      Hasta que llegue un día en que podamos decir que la ecuación que da título a este artículo fue verdad en el pasado pero ya ha dejado de ser verdad. Ese día todavía está lejos pero hay que ir haciéndolo posible desde ya. Con trabajo y compromiso, con respeto y cambio de actitudes por parte nuestra, de los hombres. No hay otro camino.

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