Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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Igualdad en cualquier lugar del Planeta

Cultura De Kenia 5

Asha tiene unos ojos muy grandes, oscuros, se confunden con el color de su piel pero brillan tanto que deslumbran. Me acerco para estrechar su mano. No tiene muy claro cuáles son los objetivos de la entrevista y puedo palpar su timidez. Consciente de que en los primeros momentos de nuestro encuentro no fluye la química entre Asha y quien escribe, intento poner en práctica el “manual de acercamiento”. Las primeras preguntas rayan la frialdad por mi parte: de dónde vienes (me habían informado de que hacía más de un año había salido de Kenia), cuáles fueron los motivos que te llevaron a dejar tu aldea, a tu familia, a iniciar una ruta sin regreso para muchas personas, especialmente, para mujeres, niñas y adolescentes. Su silencio me sobrecoge y me confirma que por ahí no debe desenvolverse el diálogo. Dudo unos instantes y, sin más preámbulos, me acerco a Asha, tomo su mano y le digo que me cuente lo que ella quiera contarme y que, si nada quiere decirme, sin más nos diremos adiós y le daré un abrazo de despedida.

Poco a poco Asha se va relajando. Reacciona y me comenta que su vida (ignora su edad exacta, pero se diría que hace bien poco abandonó la adolescencia) no interesa, como no interesa la vida de muchas mujeres keniatas que han abandonado el país porque en su aldea perviven costumbres tan inhumanas y crueles como la mutilación genital femenina, porque junto a la reserva nacional de Masái Mara, que fascina a tantos turistas, se sigue practicando esa atrocidad y poco se ha avanzado en la eliminación real y efectiva de tal práctica.

Mientras Asha vence su timidez y da rienda suelta a sus palabras, me da la sensación de que hablar supone para ella una especie de liberación de su mente porque nadie la obliga a expresarse y nadie coarta su relato que va fluyendo como fluye el río Tana por Kenia. Su tono de voz poco a poco se dulcifica y entra en una fase de serenidad, mientras noto la fuerza de su mano en mi mano. Asha se va sintiendo segura y con voz firme detalla recuerdos inolvidables: la difícil convivencia familiar, la escasez de alimentos en la aldea, la ardua tarea diaria en busca de agua, el duro peregrinaje hasta llegar a la escuela y, por encima de todo, el horizonte en el que no vislumbraba oportunidad alguna a su alcance.

Asha es consciente de que las oportunidades que no encontró en Kenia deberá buscarlas en algún otro lugar. Y aquí llegó. Tiene las ideas muy claras, especialmente la que afirma con gran aplomo: “Las mujeres y los hombres debemos abordar el día a día juntos y en igualdad de condiciones, en cualquier lugar del planeta. Solas solo encontraremos más soledad, más incomprensión y más exclusión”. Toda una declaración de principios que me deja sin palabras.

En realidad, no necesito más palabras. Asha sonríe tímidamente y me abraza. Me despido de ella repitiendo: “igualdad en cualquier lugar del planeta”.

 

 

 

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