Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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Incertidumbre y desvinculación social

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El VIII Informe FOESSA sobre exclusión y desarrollo social en España es un relato del momento de incertidumbre en el que nos encontramos, realizado al servicio de nuestros decisores políticos y de la sociedad en su conjunto. Una mirada a nuestra cohesión social que se retrotrae a cómo vivimos y reaccionamos ante la gran recesión y cómo estamos enfocando la salida. Una historia que da cuenta de las consecuencias de la crisis en la poscrisis”. Así arranca la introducción al mencionado informe que hace unos días fue presentado a la prensa y, posteriormente, en la Fundación Pablo VI de Madrid fue analizado por representantes de la Fundación FOESSA y de Cáritas, además de académicos de varios de los equipos de investigación que han elaborado el informe, cuyo subtítulo “Conocer la exclusión presente para orientar la acción futura” ya nos indica lo que encontraremos en sus páginas.

“Vivimos en un momento de clara mutación social. Un cambio sin precedentes en el camino que parecía seguir nuestra sociedad desde el último cuarto del siglo pasado. Un tiempo donde las brechas que se están produciendo, como la desigualdad, la debilidad de los sistemas de gobernanza globales, la erosión de las instituciones públicas, la gestión insolidaria de la crisis, el ascenso de los particularismos y las actitudes reactivas y xenófobas que consolidan el individualismo posesivo están hipotecando nuestro futuro”. No puede ser más clara y concisa esta descripción que aparece en el informe, situación que se traduce en cambios a escala planetaria en el modelo social que se venía forjando, amparados por la actual fragilidad democrática, consecuencia de la desconfianza de la ciudadanía en sus representantes políticos, muchos de los cuales aparecen embadurnados de corrupción.

El aumento de la desigualdad, la pérdida de la solidaridad interpersonal y el impacto de la recesión no han hecho sino acelerar quiebras estructurales que nos abocan a “una sociedad desordenada e insegura, muy fracturada; una sociedad desvinculada que necesita revincularse”. La incertidumbre social, económica y política van de la mano y nos la encontramos en nuestro contexto externo – la Unión Europea- al igual que en nuestro propio país. Día a día aparecen brechas que amenazan nuestra convivencia y, como se señala en el informe, “nos desafían a decidir ante una serie de encrucijadas: hiperdesarrollismo versus sostenibilidad, desigualdad versus equidad, plutocracia versus ética pública; un conjunto de decisiones que tenemos que afrontar y que nos confrontan con un diagnóstico global del momento en el que vivimos cuyo desenlace permanece indeterminado”.

Y en esa incertidumbre multidimensional que nos rodea muchas personas se están quedando atrás porque la integración social se ha fracturado y las situaciones de pobreza y exclusión van en aumento, favorecidas por los importantes recortes en educación, sanidad o dependencia que no cesan. Frente a ello, se hace necesario generar incentivos y empoderar a las personas que cargan con el peso insoportable de la crisis, personas que se sienten incapaces de superar las dificultades en su día a día. Ardua tarea en la que, como se propone en el informe, debe involucrarse la sociedad en su conjunto para transformar viejos patrones en nuevas prácticas que “revinculen” nuestra sociedad desvinculada.

 

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