Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

91 445 41 69
info@proyectosluzcasanova.org

Inmigrantes de primera y de segunda

Mayo 2010 155

Europa –España incluida, claro– está preocupada con la inmigración. Hubo tiempos en que Europa estaba más en la línea de la “emigración” pero eso nunca preocupó mucho a sus gobiernos. Ahora estamos preocupados con la “inmigración”. Para entendernos, estamos preocupados con la gente que llega a nuestros países de más allá de nuestras fronteras.

Pero no es verdad que toda esa gente nos preocupe por igual. ¿Tendría muchos problemas un canadiense o un americano o un japonés o un australiano para que le diesen un permiso de residencia y trabajo en cualquier país europeo? Probablemente no. Lo más que es –el sistema tiene su punto de igualitario– es que tendría que hacer cola en las mismas oficinas de la policía en que hacen cola los inmigrantes de… (pueden poner aquí el nombre de cualquier país de África, de Centro y Sur de América y de la inmensa mayoría de los países de Asia).

Pues ese punto de las oficinas es el único donde los inmigrantes de primera se igualan con los de segunda (o tercera). Es como al viajar en avión. Inevitablemente todos los pasajeros entran por la misma puerta pero luego el acomodo dentro del avión es ¡tan diferente!

Pues eso. Que hay inmigrantes de primera y de segunda. Los de primera tienen las puertas abiertas. A nadie se le ocurre decir que nos cambian la cultura o que nos invaden o que nos quitan los puestos de trabajo. A ellos se les abren las puertas sin problema. Y hasta hacemos lo posible para que se sientan como en casa.

Con los de segunda, la canción es diferente. Nos sentimos invadidos. Su pobreza nos hace sentir mal. Los recluimos en centros especiales o los dejamos sueltos por las calles. Pero sin ayuda ninguna. Son los que trabajan en lo que ningún nacional quiere hacer pero repetiremos muchas veces que vienen a quitarnos los puestos de trabajo. Viven en donde nadie quiere (pisos patera, cartones en la calle, etc.) pero pensamos que es culpa de ellos el no ser aseados ni limpios. Pensamos que si vienen es porque hay unas mafias que les ofrecen cruzar el Mediterráneo a precios de saldo. Y, al final, terminamos diciendo que la culpa es de las mafias. Y hasta nos permitimos diferenciar entre los que son auténticos refugiados y los que sólo buscan un trozo de pan que echarse a la boca ellos y sus familias (es que los primeros son menos).

Inmigrantes de primera (queridos) y de segunda (rechazados). Lo malo, o lo bueno, es que todos son seres humanos. Todos tienen los mismos derechos. ¿A qué viene hacer esas diferencias sin sentido? ¿Cómo es posible que esta Europa que ha nacido fruto de un cruce continuo de pueblos, que ha emigrado tanto afuera, se cierre ahora en banda, llena de temor porque esos nuevos bárbaros pueden amenazar nuestro bienestar, porque vienen buscando aprovecharse de las migajas que caen de la mesa de los amos? ¿Cómo es posible que la Europa que colonizó, dominó, oprimió, explotó y abandonó a esos pueblos no sea capaz ahora de compartir un poco de la riqueza que, sin duda, aquella colonización, dominación, opresión y explotación contribuyó en alguna medida a crear?

Vamos a tener que hacer algo para decir a nuestros gobiernos, y a nuestros conciudadanos, que queremos abrir las puertas, que menos mirarnos al ombligo y más abrir las manos y los brazos para acoger a los que necesitan nuestra ayuda.

 

 

 

Fernando Torres Pérez cmf

 

Al continuar la navegación en este sitio, usted está dando su consentimiento para el uso de las cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar