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"Que por mí no quede" Luz Casanova

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Jesús y las mujeres

Mujer Cananea 09 02 2017 08 04

Hace unos días, una conocida a la que aprecio, me dijo que estaba en una fase de su vida en la que andaba en busca de espiritualidad, de buscar una filosofía inclusiva, abierta, buena para las mujeres, que le aportase algo de luz. Esta mujer es, o era ya, cristiana. O de ascendencia cristiana al menos, no la conozco tanto. El tema era demasiado largo, y no nos quedaba más de un minuto de charla, así que no seguimos con el tema, pero me quedé profundamente triste, y me vinieron a la cabeza mil preguntas:

Mi pensamiento principal fue: ¿En qué momento el mensaje de Jesús, el primer feminista de la historia (al menos de entre los líderes de masas) se fue desvirtuando de forma que las mujeres nos sintamos y hayamos pasado a ser, en muchas formas, ciudadanos de segunda entre sus seguidores?

Esto es lo que considero que somos desde el momento en que no nos consideran lo suficientemente buenas como para poder celebrar la Eucaristía, o para llegar a ser cabeza de la Iglesia (de la católica, al menos).

¿Por qué solo los hombres pueden ser ordenados sacerdotes? … He recibido cientos de veces la misma respuesta a esta pregunta: Porque todos sus apóstoles “oficiales” eran hombres. ¿Y qué? Pongámonos por un momento en la Galilea de hace más de dos mil años.  ¿Quién en su sano juicio hubiera enviado a una mujer sola a predicar por ahí, sin bienes de ningún tipo, en una sociedad en la que la mujer no valía nada? ¿Cuándo dijo Jesús “y a partir de ahora mis apóstoles sólo serán hombres”? Nunca dijo tal cosa.

También he recibido como respuesta que en la Última Cena solo había hombres. Sigue sin ser una explicación, ya que tampoco dijo en ningún momento: “Y a partir de ahora que esta ceremonia la celebren solo hombres”.

Las mujeres no podemos ser Papa porque su primer “elegido” era un hombre.  Jesús le dijo a Pedro (el que le negó tres veces, por cierto): “Y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”. Que se sepa  no dijo “Y que a partir de ti sean hombres todos, por favor”.

Interesadamente se olvidan muchos de que los Evangelios mencionan a un pequeño grupo de mujeres como seguidoras de Jesús, con nombres y apellidos. Eran alguien en el grupo, es evidente. También olvidan el resto de los capítulos de los cuatro Evangelios, y el sentido de lo que “ama al prójimo como a ti mismo” quería decir.

Jesús siente hacia las mujeres un inmenso cariño.  Cuando habla de la futura ruina de la ciudad de Judea su lamento es por aquellas a las que la catástrofe pille embarazadas o criando. “Orad para que no ocurra en invierno”, dice.

Defiende su posición social en vida, principalmente en su apología en contra del abandono de la esposa (con todo lo que esto significaba de exclusión social en ese momento) en el que dice textualmente que Dios creó al hombre y a la mujer no como dos entes separados y diferentes sino como iguales, como uno solo.

Defiende su posición social tras la muerte. Esto ahora nos puede hacer gracia, pero (al igual que creen otras religiones hoy en día, como el Islam, en el que el Corán dice que una mujer vale la mitad que un hombre y que al hombre que muera por su fe le esperaran un número de vírgenes en el cielo), esto entonces era una verdad innegociable, y para probarle, algunos hombres cuestionaron a Jesús sobre de quién sería en el paraíso la mujer que hubiera estado casada con varios hombres. “¿De quién? ¡De nadie! En el mundo terrenal los esposos toman esposas y las esposas toman esposos. Tras la muerte las mujeres, igual que vosotros, – les dijo – serán ángeles”. (Siglos después los representantes de la Iglesia debatían sesudamente sobre si las mujeres tenían o no alma… Inaudito).

Demuestra una y otra vez su interés en que las mujeres aprendan sus enseñanzas de forma directa. El capítulo en la casa de Marta y María es responsable del 50% de mi absoluta admiración por Jesús de Nazareth, cuando regaña a Marta por estar ocupada limpiando y cocinando y no sentada junto a él, aprendiendo lo que era realmente importante, como hacía su hermana.

¡Y lo más grande aún, si cabe! elige a una mujer, una samaritana, para que cuente a sus vecinos lo que ha visto, la primera apóstol allí en Samaria, entonces, y elige a varias mujeres (María Magdalena otra vez, que nunca le negó, ni tres veces ni ninguna) para que propaguen el mensaje fundamental de su legado, y que hoy celebramos: que había resucitado. Que hay esperanza.

Este pequeño alegato viene por la pena que me produce que todo esto no se sepa, o si se sabe se olvide, entre tantas cosas que tenemos que hacer y tan poco tiempo para el recogimiento y la paz. El mensaje de Jesús es el mensaje de la igualdad, entre mujeres y hombres, entre no cristianos y cristianos, entre los de aquí y los de otros lugares. Los Evangelios no son en realidad la biografía de Jesús, sino la recopilación de su enseñanza. Hombres y mujeres recibimos el encargo de mantener viva su lucha de justicia universal, de resucitar su legado cada vez que flaquee. Ese es el mensaje auténtico, eso es lo que “prójimo” quiere decir. Así que en eso estamos, o intentamos estar. Yo también creo que hay esperanza.

 

 

 

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