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Juana Rivas, causa y efecto

Juana Rivas Miguel Rodríguez

Lo que se desprende, hasta el momento, del caso de Juana Rivas y el tratamiento que está recibiendo, tanto de los poderes públicos como de los medios de comunicación y de buena parte de la sociedad, son varias evidencias asfixiantes en las que es mejor no pensar por no deprimirse -o enfurecerse-. Aún así, ante la miopía de algunos que no parecen verlas, resulta necesario resaltarlas.

Que los hijos de Juana Rivas estén de vuelta en Italia con su padre es consecuencia de algo mucho más grave que una actuación injusta e irresponsable de la justicia. Esos niños han acabado con Arcuri porque vivimos en un sistema en el que, ante todo, está el hombre y luego todo lo demás. Cueste lo que cueste.

En este momento, en este país, no sólo las instituciones no protegen como deberían a las mujeres (que además, pagan impuestos para que se les garantice esa protección, precisamente). En España, en septiembre de 2017, todavía se hace entrevistas a maltratadores y se publican en portada o se emiten en prime time.

Machistas repulsivos y dañinos como Arcadi Espada, Javier Marías o Salvador Sostres tienen un espacio habitual en los medios de comunicación nacionales más importantes y con más audiencia. Pero lo verdaderamente grave no son las barrabasadas misóginas que estos personajes dicen. El problema más gordo es que los medios les den voz y los mantengan en su puesto día tras día. Ese es el problema de base. Eso legitima su mensaje. Ese es el ejemplo que se da.

Quizá todo esto no ocurriría si de una vez por todas la violencia de género adquiriese la consideración de terrorismo. Porque sí, es una lucha y es política. Si habláramos de terrorismo al enfrentarnos a un caso de violencia de género, todas las pequeñas actuaciones que pudiesen germinar y concluir en una conducta expresamente violenta podrían ser juzgadas y condenadas por apología del terrorismo.

Sin embargo, cuando la justicia obliga a Juana a entregar sus hijos a su ex marido, el mensaje que se está mandando es que, esta persona, acusada de maltrato, puede ser un buen padre. Y no, los maltratadores, por defecto, no son buenas personas y menos aún son buenos padres.

Ésta es una de las cosas que explica el aluvión de comentarios a favor de Arcuri que pueden leerse en las noticias relacionadas con el caso y que este hombre tenga su propio escuadrón de machirulos con carteles de “Stop Feminazis” escoltándole en sus idas y venidas al juzgado. Debe de escocer mucho pensar en que se les acabe el chollo. Y, en cualquier caso, presunción de inocencia.

Sin embargo, ¿quién sino un maltratador puede denunciar una Ley de Violencia de Género? Y, por otro lado, ¿qué madre se arriesgaría a ir a la cárcel y a perder durante 10 años la custodia de sus hijos por egoísmo o por fastidiar a su exmarido? No, señor. De momento los únicos que son capaces incluso de matar a sus propios hijos por quebrar a la madre son ellos. Así que, sigamos devolviendo niños a los padres acusados de maltrato.

Marieta Zubeldia Martín

 

Imagen: Miguel Rodríguez

 

 

 

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