Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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La calle no es de las mujeres

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Hace unos días vino una amiga a casa. Estuvimos charlando despacio. Mi amiga ahora tiene una pareja y en algún momento se plantearon irse a vivir a México. No se atreve,  me dijo,  y no porque no quiera compartir todo el tiempo con la persona que ama. No se atreve porque, desgraciadamente,  México es un lugar donde la violencia se ha hecho endémica. Mi amiga ha entrado ya en la década de los sesenta y añadió: “he vivido muchos años con miedo y ahora no quiero volver a repetirlo”. Me sorprendió esta confesión  y seguimos hablando. Desde pequeña tenía el colegio lejos de casa, tenía que pasar por un descampado y tenía miedo. Miedo a que le saliese cualquier desaprensivo y pudiera hacerla “algo”: violarla, forzarla, herirla… En algún momento tuvo que soportar, como muchas mujeres de nuestra edad, al tipo exhibicionista que te esperaba en cualquier esquina, en cualquier descampado, a cualquier hora… y eso cuando eres una niña, o una jovencita te da miedo. Da miedo cuando tu agresor tiene una masa corporal mayor a la tuya y sabes que en un cruce de fuerzas siempre eres la más débil.

Mi amiga, ahora con los años, ha empezado a dejar de sentir ese miedo, o al menos no como lo sentía antes. Parece que la edad nos va haciendo más invisibles, aunque esto no siempre es cierto y el miedo está ahí latente.

Hoy he estado con mi sobrina y dos amigas suyas. Ninguna de las tres cumplía los treinta. Unas jóvenes activas, viajeras, emprendedoras… también la conversación ha ido por los mismos derroteros. En sus pocos años, aunque ellas piensen que ya son muchos, ya han tenido la experiencia de acoso, de infravaloración , de desprecio por su sexo… una de ellas que había vivido unos años fuera de España, había sido testigo de un intento de violación que no se llevo a cabo por la intervención valiente de otra chica que se puso a gritar. La amiga de mi sobrina también ha verbalizado que vive con miedo, tiene miedo cuando vuelve a su casa por la noche sola,  cuando tiene que salir del metro en una estación vacía… la amiga de mi sobrina se ha comprado un spray de gas pimienta para defenderse de posibles ataques de violadores.

Estas conversaciones me han recordado el cortometraje “Al final de la calle”, dirigido por Maxime Gaudet y comentado en Hola Mujer. No puedo estar más de acuerdo con la afirmación que hacen: “para la mayoría de las mujeres es tan normal sentirse así, que ni siquiera lo comentan con sus cercanos. Y aunque los hombres también pueden sentirse amenazados de noche, las mujeres se sienten aún más desprotegidas, ya que suelen estar más expuestas a la violencia y el acoso sexual”.

Creo que por mucho que los varones intenten  comprender lo que las mujeres podemos sentir en estas situaciones  es difícil que puedan llegar a hacerlo, como tampoco podemos una persona blanca comprender del todo el racismo al que se ven expuestas las personas de raza negra.

La conversación de hoy con mis interlocutoras jóvenes terminaba con un “cuidaros chicas, intentar hacer algo de defensa personal, pero no dejéis que nada ni nadie os quite el derecho a disfrutar de la vida que queráis vivir. Vivir con miedo no es vivir. Tenemos que intentar que la calle también sea de las mujeres”

Charo Mármol

 

 

 

 

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