Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

91 445 41 69
info@proyectosluzcasanova.org

La epidemia de denuncias 

Violencia Genero1
   Hay cosas que se oyen casi sin querer. Pero que se quedan como clavadas en la memoria e invitan a reflexionar. Eso me pasó el otro día cuando tomando un café en un bar escuché sin querer la conversación de los que tenía al lado. Hablaban de cómo en los medios parecía que de repente todo el mundo se había acordado de denunciar los abusos sexuales que había sufrido hacía años. Decía uno de los conversantes que aquello parecía más bien una epidemia. Como un virus contagioso que recorriera la sociedad y que invitase a las personas a decir lo que quizá, casi seguro, tenían ya olvidado.
      Aquella conversación escuchada al azar retrata muy bien el machismo dominante en nuestra sociedad. No me refiero sólo a la sociedad española. La cultura humana, occidental y oriental, es a día de hoy profundamente machista y patriarcal. Se está comenzando el camino del cambio pero queda mucho por andar. Muchísimo.
      En esta perspectiva el hombre domina de tal modo los sentimientos de la mujer que determina lo que ésta puede o no puede sentir frente a determinadas situaciones. Me hace recordar aquel dentista que, estando yo tumbado en su consulta y él actuando-trabajando en mi boca, cuando se me ocurrió hacer con las manos un gesto que quería decir que me dolía lo que me estaba haciendo, paró por un momento para decirme que no me quejase porque era imposible que sintiera dolor.¿Cómo lo podía decir si era mi boca y eran mis nervios los que me hacían sentir dolor? Aquel dentista se había abrogado la autoridad para decirme lo que podía sentir o no como paciente. Pues bien, la cultura dominante, machista, se abroga también el derecho de decir lo que la mujer puede o no puede sentir, cuando debe olvidar y cuando su queja es excesiva porque “no es para tanto”.
      Los que dicen que ahora hay una “epidemia” de gente que se pone a denunciar haber sufrido abusos, lo que quieren decir en realidad es que “no es para tanto”, que son cosas que han pasado hace mucho y que no hay razón para hacer ahora memoria de lo que ya pasó. Es decir, se atreven a decir a las víctimas de abusos lo que pueden o no pueden sentir y cómo es correcto o incorrecto que lo expresen.
      Digo yo que falta la empatía necesaria para meterse en la piel del otro, para tratar de sentir, aunque sea sólo por un momento, lo que siente una persona que ha sido víctima de abusos, lo que supone de invasión de la intimidad, de sentimiento de indignidad, de pasar por algo que no se puede decir. Porque a veces está en juego la credibilidad propia o el trabajo o la paz familiar o… tantas cosas porque las que la víctima se ve obligada, forzada, violentada a guardar silencio. A callar para siempre.
      Y, cuando reúne el valor suficiente para hablar, para denunciar, entonces se vuelve a encontrar con el muro impenetrable. ¿Por qué no hablaste en su momento? Si has callado tanto tiempo, es que en realidad no fue para tanto. Etc, etc, etc. Y al dolor del abuso se añade el dolor de la sociedad que te obliga a callar, que te prefiere callado/a para no tener que soportar la visión de sus propias vergüenzas.
      ¡Bendita epidemia que hace que las personas denuncien a los abusadores y puedan curarse sus dolores! Más “epidemias” de estas nos hacían falta
 

Al continuar la navegación en este sitio, usted está dando su consentimiento para el uso de las cookies. más información

Los ajustes de cookies de esta web están configurados para "permitir cookies" y así ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues utilizando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en "Aceptar" estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar