Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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“La sororidad”.

Las Mujeres De Amphissa

Me gusta mucho la pintura victoriana en general, y la obra de Alma-Tadema en particular.

Uno de sus cuadros más emblemáticos, al menos para mí, es “Mujeres de Anfisa”, y recoge uno de los primeros ejemplos de sororidad de la historia. De hermandad entre mujeres de la buena.

Cuenta la historia-mitología de la Antigua Grecia, que durante una de las guerras del Peloponeso, en el siglo IV antes de Cristo, cuando los fócidos tomaron Delfos y los tebanos les declararon su particular guerra santa (fue una guerra de ciudades contra ciudades), las sacerdotisas del dios Dionisio (Baco) se lanzaron como locas a correr y en su desconcierto llegaron hasta el ágora de la ciudad de Anfisa.

Cuando las mujeres de Anfisa las vieron, todas tiradas por el suelo y dormidas del cansancio (y seguramente de los efectos de la bebida y otras sustancias con las que celebraban a su dios) decidieron reunirse, dejar sus casas, y colocarse en círculo alrededor de ellas en silencio, durante toda la noche, para protegerlas de los ataques y de la violencia que los soldados que había por allí desplegados, pudieran ejercer contra ellas. De los soldados y seguramente de más de uno de los hombres de la propia ciudad de Anfisa. Cuando iban despertando, las mujeres de la ciudad las atendían y les ofrecían alimentos. Ese es el instante que el cuadro de Alma-Tadema representa.

El historiador Plutarco narra este hecho como muestra del valor de las mujeres. Para nosotras ahora representa mucho más. ¿Seríamos hoy capaces de algo similar? No lo sé. No sé si seríamos capaces de acudir todas a proteger a este grupo de sacerdotisas semiinconscientes. Tristemente nos encontramos cada día con ejemplos de ataques de mujeres a otras mujeres por tener una forma diferente de pensar, o por votar a un partido diferente, o por llevar un tipo de vida con el que no se está de acuerdo (y quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra). A mí me entristece particularmente escuchar a compañeras que se levantan airadas contra los actos machistas de “los otros” (los de otro partido, los de otra ideología, los de otra cultura), pero cuando son “los suyos”, o “los amigos de los suyos” prefieren mirar para otro lado. Muchas de esas mujeres no acudirían al ágora porque las mujeres abandonadas a su suerte eran religiosas, igual que otras no acudirían porque no eran precisamente un ejemplo de moralidad y vida abstemia (adorar al dios del vino, es lo que tiene).

Si algún día consiguiésemos eso, ser como las mujeres de Anfisa, valientes para defender a nuestras hermanas sean quien sean, habríamos ganado la mayor de las batallas. La que libramos contra nosotras mismas.

 

 

 

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