Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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La unión hace la fuerza

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Lo de que vivimos en una sociedad individualista, pertenezcas a la generación que pertenezcas, no es algo que nos pille por sorpresa. Tampoco pasa desapercibido que lo económico es lo preponderante, afectando directamente a lo social. Sin embargo, no es raro que nos sorprendamos al ser conscientes de que estas dos verdades son especialmente crueles para las mujeres. Mujeres en toda la dimensión de la palabra: blancas o no, cisgénero o no, clase media-alta o no… Mujeres, no como una sección dentro de los medios, mujeres como ente que compone el 51% de la población.

En muchos casos nosotras mismas hemos llegado a defender la creencia de que siempre podríamos contar con el manto protector del neoliberalismo, pasara lo que pasara. Nos olvidábamos, crédulas, de que capitalismo y patriarcado siempre han ido e irán de la mano. Que en ambos casos, su existencia solo es posible a costa del sacrificio y pisoteo de una de sus partes. De que para que haya vencedores acomodados, tiene que haber pisoteados vencidos. Y en el caso que nos ocupa, pisoteadas con “A”.

Ante un problema real de los que atañen solo a las mujeres -esos que tiene que ver con el machismo, desde el mal llamado micromachismo , el machismo cotidiano, o las crueldades y aberraciones tales como la violencia de género o las violaciones- la consecuencia directa y muy cercana al propio padecimiento es la sensación de soledad de la mal llamada “víctima”. La sensación de múltiples dedos señalándonos y responsabilizándonos de lo que nos ocurre, poniendo sobre nosotras el peso que nadie quiere y que nos recae por una mera cuestión de género: la culpa.

El individuo por si solo, aún con una fortaleza de hierro, es débil ante un sistema medido a la perfección para cumplir sus objetivos. Se necesita que muchas piezas “fallen” para que el engranaje deje de cumplir sus objetivos y sea revisado. Se necesita de unidad, se necesita de la sororidad. Necesitamos dejar de creer que la lucha por la igualdad de la mujer se hace de una en una. Dejar de creer que, si nosotras desde el primer y blanco mundo tenemos derecho de elección, esto es igual para el resto de mujeres porque no es cierto. Ni hay libertad para todas las mujeres, ni es tal esa libertad cuando puede ser comprada con dinero.

Contra nosotras se ha querido utilizar a nuestras propias hermanas, inculcandonos desde la infancia la  competitividad por la mejor presa. Sin embargo, no hay sinergia más fuerte que la que se da entre dos mujeres: no se consigue mejor conjunción, ni hay mayor entendimiento. Entendamos entonces de dónde viene esa insistencia en ver a la otra como enemiga. Mantengámonos unidas, acompañemos a las menos favorecidas, seamos su voz. Encarnemos en nuestro día a día el emblema de “la unión hace la fuerza”.

Nuria Perea Hernandez

 

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