Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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Lo miró con cariño

Cajera
  Un día cualquiera en el super. Hecha la compra, me apunto a la cola de la caja. Justo en mi caja me toca esperar un poco. El que está delante de mí es un minusválido físico. Ya se sabe: dificultades de movilidad y dificultades también de comunicación. Se tomó su tiempo para sacar la cartera del bolsillo, para sacar el dinero, para dárselo a la cajera. No había problema por mi parte. No entiendo por qué a veces tenemos tanta prisa y tenemos que imponer a los demás un ritmo infernal, una velocidad endiablada que deja fuera a tantas personas que necesitan y tienen otro ritmo y que tienen el mismo derecho que yo a hacer la compra en el super.
      No fue verle allí haciendo una tarea tan normal y ordinaria lo que me llamó la atención. Ya digo que eso es normal. Lo que me llamó poderosamente la atención fue el cariño con que le atendió la cajera. Sí, la cajera. Ahora pienso que no me quedé con su nombre. Merecía que lo hubiese tenido en cuenta para que este homenaje le llegase con más facilidad. Era, de eso sí me acuerdo, el Carrefour de Villalba.
      Aquella mujer dedicó todo el tiempo necesario a atender al que me precedía. Pero no fue sólo tiempo, le dedicó algo más. Se veía en su sonrisa, en su forma de hablarle y tratarle. Fue una atención cualificada. Más allá de lo que, se supone, está incluido en su salario y en su puesto de trabajo. ¡Bravo por esta cajera sin nombre!
      Ser testigo de la escena, me habló de que es posible hacer que este mundo sea mejor. Entre las prisas de unos y la capacidad de tantos otros de no mirar más allá de la punta de su nariz o de la redondez de su ombligo, ver a la cajera y su forma de tratar a aquella persona, que tenía unas necesidades especiales, me hizo pensar.
      Entiendo que las leyes son necesarias. Es necesaria una ley de la dependencia. Es necesario que el estado organice las instituciones en las que estas personas con necesidades especiales sean atendidas. Pero nada de eso, nunca, podrá sustituir a la sonrisa, a la amabilidad, al buen trato, al cariño, a la relación personal, en definitiva. Aquello (leyes, normas, instituciones…) es necesario pero sin esto (sin la relación personal, la cercanía, el cariño…) nuestro mundo se convertirá en una especie de cámara frigorífica donde las personas estarán materialmente muy bien atendidas pero faltas de calor humano. Y sin ese calor humano lo otro se queda vacío y sin sentido.
      Quizá esta reflexión se pueda dirigir a todas las ong’s, fundaciones, instituciones que trabajan en la atención a esas personas. Deben ser técnicamente perfectas, tienen que ser muy profesionales. Pero no pueden ni deben olvidar que parte imprescindible de su trabajo (si es que se puede llamar trabajo) es hacerlo todo con cariño y mucha humanidad. Quizá esta reflexión sea también una llamada a todos nosotros para recordarnos que lo que hace de este mundo un hogar es precisamente ese calor humano. Y eso no depende del dinero sino de la capacidad de cada uno para la misericordia, para la compasión, para la cercanía con el hermano o hermana herido o necesitado.

Fernando Torres Pérez cmf

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