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"Que por mí no quede" Luz Casanova

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Los inmigrantes y los bulos

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23. Miguel Somovilla Campillo. 2. El Día A Día MIGO

Ayer me encontré con un antiguo amigo. Salió en la conversación ese mundo de los inmigrantes, los que vienen a España buscando trabajo. Y me empezó a contar lo que había oído por ahí. ¿Es verdad que según llegan se empadronan y automáticamente empiezan a cobrar todos los meses 500 euros? ¿Es verdad que les dan casa?

No sabía qué responder. Me parecía increíble que la desinformación funcionase así en este mundo tan lleno de medios de comunicación y redes sociales. Porque la realidad es muy otra. Me explayé un rato explicándole el calvario por el que pasan los inmigrantes en nuestro país. Un verdadero calvario.

Porque la realidad es bien dura. Los que llegan, exactamente igual que tantos españoles que emigraron en tiempos pasados, lo que quieren es trabajar. Tienen que vivir aquí y tienen su familia allá o aquí que también necesita de todo. Así que su primer objetivo es trabajar. En lo que sea y como sea (generalmente en lo que los mismos españoles no quieren).

Pero no es fácil conseguir los papeles necesarios para poder trabajar legalmente. Y trabajar sin papeles no es fácil y, si se consigue, es siempre con un salario muy bajo (no más de 40 euros diarios), sin límite de horario, sin seguro… No darles permiso de trabajo significa abocarlos a vivir en el mundo ilegal, donde todo puede suceder.

El hecho es que el inmigrante se encuentra en España con unas ganas tremendas de trabajar pero sin papeles. No se los dan ni siquiera en el caso de que solicite protección internacional (refugio o asilo). Lo primero es darle un papel con una validez de seis meses que dice que está solicitando refugio pero que también dice que no tiene permiso para trabajar. ¿Cómo va a vivir? Tendrá que apañarse, que buscarse la vida de cualquier manera.

Con un poco de suerte, al cabo de seis meses –a saber cómo habrá sobrevivido todo ese tiempo–, tendrá una tarjeta roja que sí le da permiso de trabajo. Pero sólo tiene validez por seis meses. Habrá que irla renovando con el peligro de que en cualquier momento se le deniegue el asilo y pierda su tarjeta roja. Y… vuelta a la calle, otra vez en situación ilegal.

En muchos casos, la mayoría, no hay más solución que aguantar como se pueda hasta que pasen los tres años de su llegada a España y solicitar entonces los papeles por la vía del arraigo. ¡Mucha paciencia y mucho aguante!

En ese punto mi amigo me dijo: “Pero no es tanto problema porque si está empadronado le dan una paga mensual de 500 euros y vivienda y…” Ahí le corté. Eso es simplemente una mentira. La realidad es que la mayoría de los ayuntamientos ponen muy difícil lo de empadronarse. La realidad es que lo de los 500 euros y la vivienda y… es una gran mentira.

La realidad es que la mayoría de los inmigrantes pasan por un auténtico calvario. Algo que no se merece ningún ser humano que simplemente está buscando lo mejor para sí y para su familia y que se ve obligado a buscarlo fuera de su país, de su pueblo, de su familia. Por eso, conviene que seamos críticos con la información que recibimos y que no nos creamos lo que algunos están interesados en que nos creamos.

 

Nota de la editora.  Este texto fue escrito antes del confinamiento. Esta claro. Los hechos y las noticias que se han ido sucediendo han ido postergando su publicación, pero hoy lo retomamos y subrayamos dos cosas en las que nos gustaría centrar la atención:

  1. En este tiempo de confinamiento que llevamos los bulos se han visto incrementados de manera alarmante: no nos creamos lo que algunos están interesados en que nos creamos
  2. «La realidad es que la mayoría de los inmigrantes pasan por un auténtico calvario», apuntaba Fernando en su escrito, pues ese calvario se ha visto aumentado considerablemente en este tiempo de pandemia.

Foto de portada @Miguel Somovilla Campillo.

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