Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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¡Más Horas Abiertos!

Asesoria Jurídica

“Era una vieja aspiración de todos los que trabajamos en el centro”, es lo primero que me dice Antonio Miralles, responsable del Centro de Día “Luz Casanova”. Casi no me ha dado tiempo a sentarme en su pequeña oficina. Porque el espacio en el centro, nunca suficiente, está dedicado fundamentalmente a los usuarios no a los que les atienden. La vieja aspiración no era más que ampliar el horario de apertura del Centro. Por la sencilla razón de que los usuarios lo necesitaban, lo reclamaban, porque la calle es muy dura.

En el Centro no se ofrece sólo un plato de comida. El Centro es mucho más. Ofrece un lugar donde estar, la posibilidad de asearse, de lavar la ropa, de participar en cursos de formación diversos, de prepararse un currículo, de encontrar ayuda para la reinserción, para encontrar trabajo e, incluso, para actividades de ocio. El Centro quiere ser un lugar de ayuda integral a la persona. Desde hace años está sirviendo para vincular a las personas que habían caído en la marginación y exclusión que significa vivir en la calle. Está ayudando a esas personas a iniciar procesos, siempre complejos, difíciles y, a menudo, lentos, que les lleven a la reinserción más completa posible teniendo en cuenta su situación personal. Se trata de que las personas se impliquen ellas mismas en tratar de cambiar su situación o, al menos, de prevenir una caída mayor.

Por eso no era suficiente que abriese de once de la mañana a tres de la tarde. Hacía falta más tiempo. Y esa aspiración se ha conseguido hacer una realidad desde el 16 de enero pasado. Desde ese día, que marca un antes y un después en el servicio que se hace, el horario de apertura ha pasado a ser de nueve de la mañana a siete de la tarde, de lunes a jueves y viernes, sábado y domingo permanece abierto de 9 de la mañana a tres de la tarde.

Para una fundación de recursos limitados, como es la Fundación Luz Casanova, esa ampliación de horario no se hace sin trabajo y sin esfuerzo y sin un compromiso decidido de servicio a los que han caído en situaciones de exclusión social, para los que están en la calle, dicho en palabras menos técnicas pero más comprensibles.

Una parte imprescindible de ese esfuerzo lo realizan los voluntarios. Hay personas que llevan años viniendo al Centro para atender el servicio de acogida. Son voluntarios. Aportan su tiempo, su disponibilidad y también su cariño y atención personal a los usuarios del Centro. Tanto que estos en algún momento dejan de ser usuarios para convertirse en conocidos e, incluso, amigos. Con el nuevo horario de apertura hacen falta más voluntarios, más horas, más disponibilidad. Quizá alguna persona que esté leyendo estas líneas pueda ofrecer un poco de su tiempo para echar una mano en la acogida. Seguro que será bienvenida.

Con la nueva apertura a las nueve de la mañana, el día empieza en el Centro con un desayuno sencillo, que acoge a los primeros que llegan. No es mucho: un café con leche y unas galletas. Pero ya crea un poco la sensación de hogar que es en lo que se quiere convertir el Centro.

Luego vienen las actividades (talleres de yoga, informática, manualidades, castellano, etc.), los encuentros personales con los trabajadores sociales, con el psicólogo (nuevo servicio que también estaba entre las aspiraciones de siempre porque su ayuda puede ser fundamental para algunos de los usuarios del centro), con el asesor laboral, con el abogado. Mientras tanto, los que lo desean se pueden ir aseando en los servicios, lavando su ropa, sentándose a leer el periódico, a ver un rato la televisión o a jugar una partida al dominó con los amigos. Y si me apuran hasta se puede consultar el correo electrónico enganchando el móvil a la red wifi que se ofrece en el Centro. Porque no conviene desengancharse ni desconectarse de la realidad, que el vivir en la calle ya supone en sí mismo una desconexión brutal. El Centro ofrece un lugar donde estar, un lugar más seguro que la calle. Más en este tiempo de invierno que hace de la calle un lugar más inhóspito si cabe.

Desde que se ha cambiado el horario hay una mayor afluencia de personas. Se ha pasado de servir un centenar de comidas diarias a casi las ciento cincuenta. ¿Un éxito? En cierta medida sí y en cierta medida no. Sí porque el Centro ahora acoge a más usuarios y puede ayudar a más personas en situación de necesidad. Y no porque el verdadero éxito  se produciría el día que tuviese que cerrar por falta de usuarios, porque la misma sociedad hubiese encontrado los medios, no tan complicados, para evitar que las personas llegasen a caer en una situación de calle.

Hoy por hoy, el Centro sigue siendo necesario. El cambio de horario ha ampliado su capacidad de servicio. La Fundación Luz Casanova sigue cumpliendo así su compromiso fundacional de trabajar al servicio del desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión.

Enhorabuena a Antonio y a todo el equipo de profesionales y voluntarios que hacen posible que el Centro de Día esté abierto, que han hecho posible que amplíe su horario y su servicio y atención a las personas sin hogar.

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