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Pepa Moleón: Inicio de una nueva etapa

Pepa Moleon 1

No es habitual que en este blog publiquemos entrevistas. El tono suele ser más personal  y algo más breve. Normalmente son opiniones en primera persona de sucesos que acontecen. Esta vez rompemos este esquema para dar la voz a Pepa Moleón, hace unos meses nombrada presidenta de la Fundación Luz Casanova. Ahora  nos hemos encontrado y alrededor de una mesa y un café , charlamos largamente sobre el pasado, presente y futuro de Pepa. Este es el resultado de ese encuentro.

○ Pepa Moleón: Inicio de una nueva etapa

Cuando me dispongo a escribir la conversación que he tenido con Pepa Moleón, nombrada en marzo pasado presidenta de la Fundación Luz Casanova, escucho por la radio, hablando de las distintas etapas de la vida, que cuando somos jóvenes hablamos en futuro, proyectando los deseos que queremos realizar: haré, viajaré, estudiaré, aprenderé idiomas… mientras que cuando entramos en la edad madura, nuestro lenguaje es una vista al pasado: hice, fui, realicé, viajé… Pienso en la conversación mantenida con Pepa y veo que en ella se conjugan estos dos tiempos: el de una vida plena y satisfactoriamente vivida, y el de unos proyectos nuevos e ilusionantes por realizar.

Pero ¿ quién es Pepa Moleón? Antes de hablar con ella me fui a Google . Esto fue lo que me encontré y así es como ella misma se define:

Mujer, feminista, madre y amiga. Pedagoga por la Universidad Complutense de Madrid, funcionaria del SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal) con experiencia como formadora de formadores, en programas europeos de empleo/formación y en cooperación al desarrollo en países de América Latina, 65 años, recién jubilada. He militado en los grupos de Mujeres y Teología, en la corriente Somos Iglesia y en Redes Cristianas. Vivo mi experiencia comunitaria de fe en una pequeña parroquia de Madrid.

Me preocupa la sociedad: la desigualdad instaurada entre géneros, clases y países.

Me preocupa la iglesia: la ausencia de las mujeres y la liturgia desvaída y desapasionada.

Disfruto la vida intensamente y agradezco cada día las oportunidades de encuentros y crecimiento”.

Y desde esta autodefinición parte nuestra conversación…

Pepa ya ha cumplido los 65 y en febrero pasado se ha jubilado. Entraría en la etapa, según escuchaba esta mañana, de hablar en pasado. Sin embargo ella recibe la propuesta que se le hace como  “una invitación que me va a permitir dar algo de lo que he aprendido en mi andadura de 65 años”.

Me habla de estos meses que lleva jubilada: “Ahora el tiempo corre más despacio de lo que pensaba, con lo cual se multiplica… se multiplica por intensidad y por lo que me ofrece”.

Le pregunto cómo va compatibilizar esos deseos de júbilo en esta etapa de su vida con la tarea de presidir la Fundación.

El presente ya lo estoy disfrutando. Desde que me he jubilado tomé la decisión de ir a un lugar que me permitiera estar más en contacto con la naturaleza y el silencio, en un entorno de relaciones más humanas y eso lo he encontrado en Cantabria.

Vivo allí una parte importante de cada mes, pero como sigo teniendo amores y vinculaciones aquí en Madrid, también disfruto de Madrid, de la familia, de los amigos y de entornos muy queridos, de la vida cultural de Madrid… Disfruto mucho del silencio, de la soledad y de los encuentros con amigos y familia aquí y allí, porque lo que buscaba cuando tomé esa decisión, era ponerme en situación de escucha para saber cómo quiero vivir ese tiempo.

Esto me lo está permitiendo el entorno de naturaleza (el mar, la montaña), el silencio, la oración…

Me preocupa la iglesia, la desigualdad instaurada entre géneros, clases, países…” al leer esto en la definición que haces de tí misma parece que estabas pensando en la Fundación, sin apenas conocerla. La Fundación trabaja con mujeres víctimas de la violencia, pero también trabaja con personas excluidas de la sociedad, españolas muchas, pero otras venidas de países en vías de desarrollo…

Lo tenía en el horizonte, es algo que me ha acompañado siempre. Cuando estaba laboralmente activa hice algo de cooperación al desarrollo y eso fue porque los países del Sur me interesaban mucho. Tuve la oportunidad de estar en alguno de los países de América Latina compartiendo mis conocimientos en temas de empleo y formación con interlocutores de Guatemala, Panamá... Ahora pensaba llevarlo a cabo en un ámbito de libertad que te da el no tener que responder a un horario prefijado, administrar más y mejor tu tiempo, elegir a qué quieres dedicarte… porque cuando me dicen cuál sería la síntesis del momento que estoy viviendo, creo es que, al jubilarnos, nos hacemos millonarios en tiempo… y eso es un regalo y una oportunidad. Depende cómo se quiera utilizar … y, en ese contexto vital, surge la oportunidad de colaborar con la Fundación Luz Casanova.

El feminismo es otra de las causas importantes de tu vida…

Empezando la tercera parte de mi vida quería “escuchar” mis prioridades, saber hacia dónde dirigir mi compromiso como mujer creyente y como ciudadana, con la Iglesia y la sociedad…y, sin preverlo, Luz Casanova me da la posibilidad de profundizar mi compromiso con las mujeres y llevar su voz a la comunidad eclesial.

Una comunidad eclesial de la que se siente parte activa aunque “a veces me desesperan la “inercia y los tiempos eclesiales” y una iglesia que se referencia -en muchas ocasiones- más a sí misma que a su fuente, Jesús de Nazaret. Reconozco que a veces disiento y disiento con fuerza y de manera explícita.

Me duelen los miedos con que, en tantas ocasiones, se mueve la Iglesia y que antepone a la audacia evangélica. Y no me duelen por mí, que me reconozco y me siento privilegiada en muchos ámbitos de la vida, sino por las historias de dolor: en mujeres separadas o divorciadas, en mujeres y hombres pertenecientes a colectivos LGTBI… esas historias de dolor me han hecho comprometerme para que la iglesia no se demore en responder con alegría y fidelidad evangélicas. Cada persona tiene un tiempo limitado, las historias de dolor no pueden esperar y tienen derecho a que el mensaje de Jesús les alcance”

Al tiempo, reconozco y agradezco por tantas mujeres y hombres, profetas de nuestro tiempo, que nos acompañan y construyen el Reino día a día.

Terminamos nuestra conversación y le preguntó si en este tiempo ha echado algo en falta…

Por lo que llevo conocido hasta ahora de la Fundación, yo diría que es oportunidad, oportunidad, oportunidad…. He hablado y me he encontrado con personas lúcidas y generosas, muchas de ellas mujeres, responsables de la dirección de la Fundación y de las diferentes áreas, que llevan una andadura a la que me quiero sumar con respeto y serenidad.

Tengo conciencia de que me incorporo a un trabajo y una experiencia de décadas, a una historia comunitaria de mujeres que miraron de frente y acogieron con entrañas de misericordia a l@s más vulnerables, que pusieron nombre a la violencia del género antes de que la sociedad civil se lo diera… y lo recibo como un regalo.

Ahora quisiera saber escuchar a las personas que han llegado antes que yo y aprender a su lado.

Sólo puedo decir y dar gracias, que es lo que llevo haciendo desde que me comunicaron la elección, y que deseo tener lucidez y generosidad para saber dónde, cuándo y de qué mejor manera puedo estar y colaborar .

Gracias

 

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