Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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¿Políticas de género o sentido común?

Patio 2

Cada cierto tiempo leemos declaraciones más o menos oficiales de representantes eclesiásticos culpando a las políticas de género de todos los males habidos y por haber. Nada más lejos de la realidad. Los males llegan a través de la desigualdad y de la siniestra idea que un ser humano es superior a otro simplemente por tener un cromosoma diferente.

Entiendo que muchas veces las resistencias al cambio proceden del desconocimiento y del miedo a perder privilegios, pero éste no es el caso. Aplicar políticas de género es tan simple como aplicar el sentido común.

Muchas veces nos perdemos en ‘macroideas’ que nos hacen perder la perspectiva, pero basta subir a algunos autobuses urbanos de Madrid para darse cuenta como a la mayoría de las mujeres no nos llegan los pies al suelo ¿por qué? Pues porque a la hora de diseñarlos no se han aplicado las políticas de género o lo que es lo mismo no se ha tenido el cuenta el tamaño de las piernas de más del 50% de la población es, por término medio, más corto que el de los hombres y el resultado es el qué es.

Que todo el mundo vaya cómodo en transporte público es tan simple como pensar un poco. Si una línea de autobuses pasa por los barrios antiguos de Madrid, lo más probable es que su pasaje esté compuesto, mayoritariamente, por personas mayores y por estadística, las mujeres son mayoría, entonces, ¿por qué se las condena a llevar los pies colgando?

Otro ejemplo cotidiano es el diseño y/o altura de los cinturones de seguridad, algo que cuida de nuestra vida en caso de accidente. Pues  os aseguro que con mi metro sesenta, casi siempre cuando me abrocho el cinturón, rezo para que no haya un frenazo, porque me pasa directamente por el cuello y no sé yo como les va a sentar a mis carótidas el impacto.

Y es que, una vez más no se ha tenido en cuenta que el varón es, por termino medio, más corpulento y se ha tomado como referencia su tamaño por lo que en lugar de pasar por el hombro, pasa por el cuello. Y digo  yo,  si las mujeres conducimos, vamos de copilotos y somos más, por qué se diseñan cinturones incómodos, ¿o es que pretenden que usemos elevaasientos infantiles como los del cine?

En el fondo estos ejemplos y miles más que podemos hallar sin devanarnos mucho el seso no son más que un reflejo de haber considerado durante generaciones que lo masculino es lo universal.

El otro día, si ir más lejos, revisando un libro de recetas de cocina del año 64 descubrí una tabla muy detallada con las necesidades energéticas y nutricionales y a pie de página una nota en letra pequeñita aclaratoria “en el caso de las mujeres, un 10% menos”.  Y  rápidamente me pregunté ¿sería factible que la nota aclaratoria fuese que para los hombres un 10% más? Imaginad qué repuesta resonó en mi cabeza.

Aplicar políticas de género es pensar en igualdad desde el primer momento. Enseñar a compartir espacios desde la primera infancia en los patios del recreo y no aceptar como natural que el centro del patio esté destinado todos y cada uno de los días al fútbol, al que no dejan jugar a las niñas, y que éstas queden relegadas a las esquinas. Es verdad que los niños tienen que correr y hacer ejercicio físico, pero las niñas también lo necesitan.

Que un estado tenga en cuenta de manera transversal políticas de género tanto en todos los ámbitos es apostar porque hombres y mujeres seamos considerados iguales y diferentes a la vez en todos y cada uno de los ámbitos de nuestra vida

Sólo cuando nuestras generaciones futuras aprendan, pero de verdad y con ejemplos de toda su sociedad, que por el hecho de ser varón ni se es más valiente, ni más duro, ni más listo, ni más deportista, ni más agresivo, ni más nada llegaremos a ni siquiera tener que hablar de políticas de género.

Beatriz Blanco

 

 

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