Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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Por el derecho a la maternidad

Ser Madre

Leí en febrero de este año en el periódico digital “El Confidencial” un artículo de  Alberto Olmos. En él, el articulista comentaba un par de libros en el que las escritoras daban su visión sobre lo horrible que es la maternidad, la enfermedad que son los hijos y la presión social que vivimos, sobre todo las mujeres claro, para que los tengamos. Como mujer le he dado a este asunto muchas vueltas, porque lo triste es que las mujeres sufrimos la presión de tener niños, cierto, pero aún más sufrimos la presión de no tenerlos. De que no los tengamos, quiero decir. Congelación de óvulos, techos de cristal en las empresas…suena a película de terror. Parece que efectivamente, tener hijos sea una peste. Y yo, como el articulista, literalmente “flipo”.

Si la reencarnación existe y al morir alguien me preguntase “¿y tú en qué te quieres reencarnar?” contestaría sin ningún lugar a dudas: En una mujer. Y esta respuesta estaría basada, en un 80%, en la posibilidad que mi nuevo cuerpo me concedería, otra vez, de ser madre. Al menos de poder serlo si quiero, de tener esa posibilidad. Y como decía el articulista, decir esto está mal visto, es políticamente incorrecto, y a mucha gente le suena hasta reaccionario. Alucinante. Alucinante, porque este es nuestro milagro diario. Esta es la principal razón que nos hace a las mujeres más empáticas, más cuidadosas, más colaborativas, menos violentas, y emocionalmente más inteligentes que los hombres. Asegurar el cuidado de la prole ha obligado a nuestro cerebro a tener más conexiones neuronales, a protegernos para proteger al feto que llevas en el vientre y al bebé que cargas en la espalda desde que el mundo es mundo. Una vez una de mis niñas, siendo pequeña, me dijo que si las mujeres mandasen no habría guerras, porque nadie querría enviar a su hijo a un lugar al que seguro le iban a matar, ni querría que muriera el hijo de otra madre.

He conseguido algunas cosas en la vida y conseguiré otras, pero nada será comparable a haber sentido a dos seres humanos crecer dentro de mí, salir de mí, alimentarse de mi pecho, aferrarse a mis piernas a la menor preocupación, verlas luchar cada día. No conozco ni creo que pueda conocer una sensación como esta. Con sus ratos buenos y sus ratos malos, como en cualquier relación amorosa, al fin y al cabo. No creo que pueda existir otra forma de tener el alma dividida en trozos, literalmente, en plan “Lord Voldemort” con sus “reliquias de la muerte”, alojados los pedazos en unos objetos preciosos, personas, que no son yo.

No necesitamos que nos congelen los óvulos si no es eso lo que queremos. Lo que necesitamos y creo que deberíamos exigir es tener un país que nos permita tener niños si nos apetece. ¿Qué va a ser de nosotros si no hay una nueva generación en el futuro? Reivindico la maternidad. Lo que debemos pedir es más subvenciones, políticas que obliguen a las empresas a proteger este derecho (a madres y padres, ojo); somos uno de los países de Europa que menos ayuda a que esto sea posible, es una vergüenza. Necesitamos más ayudas de la sociedad y de los gobiernos de turno para poder criar nuevos seres. Que no tengamos encima que avergonzarnos de hacerlo y de reconocer que disfrutamos haciéndolo.

He traído al mundo dos mujeres maravillosas. No hay nada de lo que me pueda arrepentir por ello. Este es mi mayor logro.

 

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