Trabajamos por el desarrollo personal y la inclusión social de personas en situación de desprotección y exclusión: personas sin hogar y mujeres y menores víctimas de violencia de género.

"Que por mí no quede" Luz Casanova

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Ser mujer sin hogar

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Entramos en el mes de noviembre en el que el día 23 se celebrará, dentro del marco de la Campaña“Por dignidad. Nadie Sin Hogar”,  un acto público en el que se pondrá de manifiesto la necesidad de los derechos de las personas sin hogar. Si la situación de calle es dolorosa y peligrosa para un hombre, en el caso de las mujeres esta situación se recrudece aún más.

Se llama Maria y tiene cincuenta y cuatro años. Se esconde tras  unas grandes gafas negras  desde donde mira al mundo. Un mundo del que ella se quiere ocultar porque siente vergüenza de la situación a la que ha llegado. “Yo quiero ver pero no quiero que me vean”

Ha trabajado durante 23 años. Ha sido cocinera, cuidadora de personas mayores, limpiadora en residencias  pero finalmente, cuando empezó la crisis, se quedó sin trabajo y paso a ser un número más en las estadísticas.  “Cuando se llega a una determinada edad parece que ya no sirves para nada”. A partir de los cuarenta se hace difícil encontrar trabajo

Maria es divorciada. “Felizmente divorciada desde el 2009”, me dice. Su marido era una persona muy complicada y la maltrató psicológicamente. María se queja de que si no vas con una pierna rota o un ojo morado, la policía no te hacen caso. “Esto es muy cruel en nuestra sociedad”. “Le di muchas oportunidades pero en el 2009 se acabo”.

Tenía una casa y sus ahorros pero al perder el trabajo, primero gastó los ahorros y luego tuvo que dejar la casa.” Estaba pagando una hipoteca y tuve que devolverla para no cargar toda mi vida con una hipoteca y además estar en la calle”.

Tiene dos hijos. El hijo está trabajando desde hace unos meses con uno de los míseros contratos que se hacen en la actualidad. La hija estudia tercero de bachiller aunque ha repetido tres años por la situación que le ha tocado vivir.

“Mis hijos viven con su padre porque no pueden estar conmigo”. A Maria se le quiebra la voz cuando recuerda que, un día,  tuvo que pedir a su hijo 50 euros.

Fue a Servicios Sociales y ellos le facilitaron un  piso compartido. Allí duerme y la mañana la pasa en el Centro de Día de la Fundación Luz Casanova: ha hecho un curso de informática avanzada. La mañana termina con la comida en el Centro. En el piso no hay ni desayuno ni cena. María se guarda alguna cosa, algo del postre, para no irse con el estomago  vacío a la cama.

Ella no deja de hacer todas las entrevistas que se le ofrecen. Alguna vez se ha colado en el metro porque no tenía dinero para los desplazamientos.

“Espero salir a flote, no seguir nadando contracorriente; espero seguir dando pasos agigantados. Hay días que me levanto y digo: Otro día más ¿para qué? Hoy he venido muy contenta para esta entrevista  pero la verdad es que me da mucha pena contar todo esto” y la voz de Maria, se quiebra.

“La esperanza de encontrar algo es lo que me ayuda a levantarme, venir, ver a los compañeros, animarles, animarnos…” “Me anima mucho venir por los talleres, aunque tengo muchos problemas para centrarme en lo que voy estudiando.  Aprovecho todo lo que se me ofrece porque  estoy aprendiendo mucho y además es lo único que me puede salvar”

Charo Mármol

 

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